sábado, 29 de diciembre de 2012

La OSECI presenta... En Navidad, ¿cuál incauto da más? (II)

~En la entrada anterior…~

A Bell no se le ocurrió mejor forma de reunir fondos para las fiestas decembrinas que haciendo una subasta, justo el día del cumpleaños de una personalidad que sus chicas conocen muy bien. Sí, Nea Poulain andaba de nuevo en Agua Imaginaria, recién mudada al pueblo, y después de ciertas dificultades en el nuevo negocio de la Alcaldesa, decidió ir a la dichosa subasta de la OSECI. Bell la recibió con los brazos abiertos y un regalo de cumpleaños, pero aquí la incógnita fue si May sobrevivirá a la ira de la dueña del Arsenal, ya que no obtuvo lo que deseaba… ¿Y qué deseaba comprar Nea, por cierto?

Vamos a averiguarlo.

~18 de diciembre. En el salón de baile de la residencia de la OSECI…~

La estancia rápidamente se llenó de personas, que mientras comenzaba el evento, se dedicaban a charlar unas con otras, sobre todo intentando adivinar qué venderían las locas… Perdón, las entusiastas jóvenes de la OSECI. De pronto, las luces fueron bajando de intensidad suavemente, y unos cuantos se percataron que Luna era la que estaba junto a los interruptores, girando una perilla especial para crear tal efecto.

—Buenas tardes, damas y caballeros —anunció una voz desde la tarima, donde un solitario reflector alumbraba a Bell, ataviada con su túnica morada de la OSECI y calzada con unas largas botas negras —Sean bienvenidos a nuestra subasta, en la cual hemos procurado tener artículos para todos los gustos. Y no todos son tangibles.

Bell dejó escapar una risita, mientras los presentes se miraban unos a otros. ¿Qué se le había ocurrido a la joven mujer de anteojos?

—Así pues, sin más demoras, los dejo con nuestro subastador, el queridísimo Dann, ¡recíbanlo con un fuerte aplauso, que él decide si les vende las cosas o no!

Todo el mundo aplaudió a rabiar cuando el dueño del Palacio se colocó tras el atril, a lo que él respondió agitando una mano en alto, con una mueca de incredulidad.

Seguro muchos querían quedar bien con él por si se subastaba un objeto que desearan.

—Bien, bien, vamos a comenzar —Dann ordenó las notas colocadas en el atril, leyó la primera y arqueó una ceja —Ten amigas para esto… —masculló, lo suficientemente cerca del micrófono para que lo oyeran, a lo que él carraspeó y anunció —Antes, les avisamos que la moneda neutra para las pujas será el dólar americano y no por gusto, sino porque Bell aquí presente hace las conversiones más fácil así —Dann rodó los ojos con hartazgo, cosa que no pasó desapercibida para nadie —Así que… Les tenemos esto para que se ayuden.

Al otro lado de la tarima, otro reflector iluminó una enorme pizarra donde, con una caligrafía bastante clara, se podía leer una tabla titulada “Tipos de cambio”.

—Los valores son al día de hoy, pero claro, cuando paguen pueden ser muy distintos —avisó Dann, frunciendo el ceño —Cómo odio al dólar… —volvió a mascullar demasiado cerca del micrófono, pero esta vez se ganó miradas de comprensión —Ahora sí, les presento nuestro primer artículo, un objeto de colección para verdaderos aficionados, así que por favor, si no tienen idea de qué es, no digan nada —algunos hicieron muecas con semejante presentación, pero no hicieron comentarios —Una réplica exacta de la Varita de Saúco  finamente tallada en madera real…

—¡Demonios, es genial! —soltó una voz femenina desde la parte media del área del público.

—… Su precio inicial es de cinco dólares, ¿quién da seis?

Algunos hicieron muecas otra vez, sacando sus teléfonos celulares (puestos en modo de vibrador, como les indicó Joke al ir tomando asiento) para hacer la conversión de moneda con la función de calculadora. Ese iba a ser un punto en contra, llevaría su tiempo que la gente hiciera esos cálculos para saber cuánto podían gastar, pero aún así…

—¡Nada, yo doy diez! —indicó Luna a grito pelado.

—Ah… ¿Diez dólares? ¿Segura? —preguntó Dann, frunciendo el ceño.

—Sí, sí, me falta esa para mi colección…

Algunos de los habitantes de Agua Imaginaria miraron mal a la Messias, pero ella no se dio por enterada.

—¿Nadie da más? —inquirió el dueño del Palacio, más por obligación que otra cosa, porque no se oía ninguna otra oferta. Acto seguido, sacó un mazo de madera amarillenta de quién sabe dónde y golpeó una parte del atril —¡Vendida la réplica de la Varita de Saúco a Luna Weasley por diez dólares! Al terminar el evento pasas con Bell, para acordar el pago.

Luna asintió, sonrió a más no poder e hizo un gesto de victoria alzando un puño.

—Nuestro siguiente artículo no es algo que se pueda tocar en sí, pero en fin, yo no organicé esto… —Dann revisa su siguiente nota, sin soltar el mazo, antes de respirar profundamente y seguir —Se inicia la puja con doce dólares para un mes de clases de baile gratis dadas por Mery O’Flahertie. Y si ya han visto sus shows, saben que es una gran… ¿Quién diablos escribió esto? —espetó por lo bajo, pero claro, seguía cerca del micrófono, así que todos escucharon.

—¡Deja de quejarte y haz tu trabajo! —indicó Bell con los dientes apretados, con lo cual pudieron verla sentada cerca de la pizarra con los tipos de cambio, libreta y bolígrafo en mano.

Dann miró la expresión amenazadora de la Líder y tragó saliva. ¿Ahora qué habría hecho (o no hecho) para molestarla? Decidió no averiguarlo en ese momento.

—Bien, bien, ¿quién ofrece trece dólares por las clases de Mery? Serán geniales, y podrán pedirle los ritmos que quieran —agregó apresuradamente, revisando la nota al respecto.

Eso pareció motivar a la gente, porque de inmediato comenzaron a surgir las ofertas, dejando anonadada a la Diosa de las Artes Escénicas. ¿Tanto querían aprender a bailar?

—¿Nadie da más? —quiso saber Dann tras cinco minutos de pujas casi ininterrumpidas —¡Vendidas las clases gratis a Seba y Baru, por cincuenta dólares!

Los nombrados se pusieron de pie por un momento, saludando a la gente cual maratonistas triunfadores, antes de volver a sentarse y dejar que siguiera el evento.

—A continuación, tenemos un vestuario confeccionado precisamente por Mery, con ayuda de Veerie Lesath Lioncourt, ¡una réplica del vestido de sinsajo que usa Katniss Everdeen en cierta escena del libro En Llamas!

Varias chicas soltaron gritos entusiastas, que a más de un varón le pareció de fanáticas histéricas de un grupo musical de adolescentes. Sin embargo, no trataron de callarlas, no fueran a acabar con algo más que una mirada fulminante sobre su persona.

—¿Qué tiene de grandioso ese vestido? —musitó Stiven.

Y él fue el vivo ejemplo para no criticar los gustos de los demás cuando un chasquido bastante conocido antecedió al repentino lamento de dolor del marido de Janni.

Sí, nunca insultes los gustos de una chica. Menos los de una con un Arsenal.

~Una hora después~

Tras la pelea monumental que varias protagonizaron para quedarse con el vestido de Katniss (modelado por Carmen en la tarima) y que finalmente terminó en manos de una May que no sabía dónde meterse debido a las miradas de envidia que recibía…

En fin, después de esa pelea, fueron sacadas a la venta varias cosas más, algunas incluso parecidas a las clases de baile de Mery. Cuando todo el mundo estaba comentando lo bien que se la estaban pasando, Dann anunció un receso, señalando una larga mesa rectangular en un lado de la habitación, donde había bocadillos y bebidas.

—Reiniciaremos en unos diez minutos, estén atentos —indicó Bell, con una sonrisa tensa.

—¿Ahora qué le hiciste? —quiso saber Peti dos segundos después que su marido se colocara a su lado, queriendo probar un bocadillo.

—¿Yo? Nada, ‘posa mía. A todo esto, ¿por qué yo terminé siendo el subastador?

—Dann, ¿no me digas que otra vez te pescó May borracho?

—Eh… No, que yo recuerde no he vuelto a beber alcohol desde entonces. ¿Por qué?

—May dijo que hicieron un trato, ¿no te acuerdas? —intervino Sole, arqueando una ceja, preocupándose un poco por Dann.

El joven señor del Palacio se puso a pensar. Habló con May a principios del mes, sí. Ella estaba por inaugurar Wonderful Queen, fue a platicarle que necesitaba a sus chicos para ese día, él aceptó prestárselos, regatearon y…

—Esa May, ya recordé —soltó, dándose una palmada en la frente —Le presté a los muchachos para la inauguración de su tienda a cambio de que me consiguiera unos regalos de Navidad, pero dijo que era un regalo por cada favor, así que… Aquí estoy.

—¿Qué regalos de Navidad podrían costarte tanto? —se interesó Peti.

Pero Dann, haciendo gala de una sordera repentina, giró la cabeza y miró su reloj, dándose cuenta que ya era hora de reiniciar la subasta, por lo que corrió a la tarima.

—Ese hijo mío cae tan fácil… Logré sacarle a May que eran los nuestros —presumió Sole en un susurro, conteniendo la risa.

Peti asintió, ella sin poder imitar a su seudo-suegra, riendo a carcajadas.

—¿Qué demonios…?

Dann estaba al micrófono, pero como llevaba haciendo toda la velada, dijo algo que no quería que todos oyeran, aunque esta vez logró contener la lengua y se giró hacia Bell, quien arqueó una ceja con gesto impasible.

—¿Cómo que el siguiente artículo es un cuento inédito mío a petición del comprador?

Ante las palabras de Dann, se desató una ola de gritos. El susodicho pensó que se trataban de quejas hacia Bell, quien se encogía de hombros, pero al poner atención

—¡Yo lo quiero! —comenzó May, agitando los brazos en alto.

—No, ¡lo tendré yo! —espetó Nea, sujetando su látigo en una mano y su katana en la otra.

—Nada, ¡soy su madre, tengo prioridad! —exclamó Sole por todo lo alto.

—¡Eso no es justo! —gritaron varias a la vez.

Dann estaba alucinado, pero se recuperó de la impresión y carraspeó al micrófono.

—Eh… La puja por ese… Cuento inédito —parecía que le costaba pronunciar y fulminó a Bell con la mirada, quien le sonreía maliciosamente, como si hubiera hecho la mejor travesura del siglo —Empieza en… ¿Veinte dólares? Bell, nadie va a pagar tanto por…

—¡Veinticinco! —ofreció May al instante.

—Momento, todavía no empezamos con…

—¡Treinta! —soltó Nea, chasqueando su látigo.

—Chicas, esto no…

—¡Cuarenta! —ofreció de repente Luu, frunciendo el ceño, parándose de un salto en su silla, entre Frikiloka y Tato.

—Eh, ¡contrólense! Ni que fuera la gran cosa…

—¡Cincuenta! —rebatió en ese momento… ¿Cuándo había llegado Cam allí?

—Ah, no, ¡sesenta! —ofrece Peti, parándose en su silla igual que Luu.

—¿Quieren tranquilizarse? Un cuento mío no es…

—¡Ochenta! —gritó entonces Catta, dando saltitos.

—¿Quieren calmarse de una buena vez? —pidió Dann a todo volumen, lo que unido a usar el micrófono, lo convirtió en un auténtico gritón.

—Cien —ofertó tranquilamente Bell, sonriendo con satisfacción.

La Fundadora sintió un montón de ojos clavados en ella, pero no le dio importancia. Hizo unas anotaciones en su libreta y le hizo señas a Dann para que continuara.

—Eh… Pues… Vendido mi cuento inédito a Bell por cien dólares, a saber qué se le ocurrirá que haga. Y ahora… Ahora sigue… ¿Cuál nota sigue de…? ¡Ah, aquí! Sí, veamos…

El dueño del Palacio parpadeó varias veces, incrédulo, antes de aclararse la garganta y mover los labios susurrando algo que, otra vez, no era para todo el público.

—Nea va a matarnos.

La aludida dio un respingo. Apenas se recuperaba de la decepción por no hacer que Dann escribiera algo a su gusto y salía con eso. ¿Pues cuál artículo seguía?

Supo la razón de los temores de Dann cuando Pad, tímidamente, se paró en la tarima mostrando lo siguiente en venta, bien iluminado para que fuera perfectamente visible.

—Aquí tenemos un ejemplar de Juego de Tronos, editado con una portada nueva a juego con el resto de las portadas en español, y autografiado por su autor. La puja comienza con treinta dólares americanos. ¿Quién da más?

Ciertas personas, ubicadas cerca de la poseedora del Arsenal, veían su expresión de creciente enfado y por instinto supieron que no debían ni siquiera pensar en dar una cifra.

No si querían celebrar la Navidad enteros y sin cicatrices, al menos.

~Continuará~

Pues bien, aquí tenemos lo que sigue de la OSECIaventura. Como les avisamos, no todo lo que se subasta son cosas que se pueden tocar. ¿Quién quiere clases con Mery? Apúntense el año que viene (Bell suelta una risita).

Así las cosas (tan enredadas que ni yo sé de dónde han salido así), ¿creen que Nea conseguirá ese libro? ¿Quiénes más querían el vestido que compró May? ¿Por qué Dann no deja de decir que es mal escritor? (Bell rueda los ojos, esa es una historia para ser contada en otra ocasión). ¿Conseguiremos que la residencia de la OSECI no se vuelva campo de batalla?

Todo eso y más podrá ser contestado en la siguiente parte. Cuídense mucho y nos leemos a la próxima.

miércoles, 26 de diciembre de 2012

Describiendo a... (XL)

Título: Cazadores de Sombras 1. Ciudad de Hueso (en el idioma original, The Mortal Instruments. City of Bones).

Autor: Cassandra Clare.

Sinopsis: En el Pandemónium, la discoteca de moda de Nueva York, Clary sigue a un atractivo chico de pelo azul hasta que presencia su muerte a manos de tres jóvenes cubiertos de extraños tatuajes. Desde esa noche, su destino se une al de esos tres cazadores de sombras [...] y, sobre todo, al de Jace, un chico con aspecto de ángel y tendencia a actuar como un idiota... (Extracto de la contraportada de mi ejemplar).

lunes, 24 de diciembre de 2012

Personalidad Literaria IX: Anime, anime...

Nombre: Simon Lewis.

Libro de Origen: Cazadores de Sombras 2. Ciudad de Ceniza (en el idioma original, The Mortal Instruments. City of Ashes).

Descripción: Cabello oscuro, ojos marrones, usa anteojos. Delgado, alto y con aspecto serio. Un amigo confiable y divertido con el que se puede contar, toca la batería en una banda. Es aficionado a los juegos de rol y ¿cómo no?, a la animación japonesa.
—Más chibis —indicó Simon con pesimismo.
Todos los personajes de la pantalla se habían convertido en versiones infantiles de dos centímetros y medio de sí mismos, y se perseguían los unos a los otros agitando cacerolas y sartenes.
—Voy a cambiar de canal —anunció Simon, tomando el control remoto —Estoy harto de este anime. No tengo ni idea de cuál es el argumento y nunca se acuesta nadie con nadie.
—Por supuesto que no lo hacen —dijo Clary mientras agarraba otra papa —El anime es una diversión familiar sana.

Personalidad Literaria VIII: A dibujar

Nombre: Clarissa (Clary) Fray.

Libro de origen: Cazadores de Sombras 1. Ciudad de Hueso (en el idioma original, The Mortal Instruments. City of Bones).

Descripción: Joven de quince años. Cabello cobrizo, un tanto pecosa, menuda y "plana". Físicamente, muy parecida a su madre. Temperamental y no muy tolerante con los cambios bruscos sin explicación. Sumergida, sin quererlo, en un mundo que no comprende, hace lo posible por no volverse loca. Trata a los demás de acuerdo a lo que sabe y a sus valores, aunque a veces se equivoca debido a su ignorancia sobre ciertos hechos. Dado que su madre es una especie de artista, ha querido seguir sus pasos.
Sin apartar los ojos del dibujo, buscó a tientas sus lápices. Jadeando, pasó a una hoja nueva y limpia, y empezó a dibujar a toda prisa lo primero que le vino a la mente. Era la taza de café que había en la mesilla de noche junto a su cama. Haciendo uso de sus recuerdos de la clase de bodegones, la dibujó con todo detalle: el borde manchado, la rajadura en el asa. Cuando terminó, era tan exacta como era capaz de hacerla. Impulsada por algún instinto que no comprendía del todo, alargó la mano para coger la taza y la colocó sobre el papel. Luego, con sumo cuidado, empezó a bosquejar las runas junto a ella.

Personalidad Literaria VII: A marcarse la piel

Nombre: Isabelle Lightwood.

Libro de origen: Cazadores de Sombras 1. Ciudad de Hueso (en el idioma original, The Mortal Instruments. City of Bones).

Descripción: Cabello negro, ojos azules, de buena figura... En resumen, hermosa de tal forma que los hombres no pueden evitar mirarla. Es joven, maliciosa, un tanto mimada quizá. Está muy unida a su hermano mayor, Alec, al que quiere mucho. La clase de chica con la que cualquier muchacho quisiera salir, y con la que ningún ser sobrenatural quisiera toparse si ha hecho algo malo, porque se lo hará pagar. Tanto ella como los demás de su "especie" usan signos llamado "runas" para hacer algo parecido a magia, a menudo grabándolos en su piel con un instrumento especial llamado "estela", por lo que se quedan con numerosas marcas a veces confundidas con otras cosas, como tatuajes. ¡Ah! Y es pésima cocinera porque su madre nunca le enseñó.
Lanzó una risita tonta, tapándose la boca con la mano. Llevaba una especie de brazalete alrededor de la muñeca, justo bajo el puño del vestido; entonces, al acercarse más a ella, el muchacho vio que no era un brazalete sino un dibujo hecho en la piel, una matriz de líneas en espiral.

miércoles, 19 de diciembre de 2012

Describiendo a... (XXXIX)

Título: A tres metros sobre el cielo (en el idioma original, Tre metri sopra il cielo).

Autor: Federico Moccia.

Sinopsis: Babi es una estudiante modelo y la hija perfecta. Step, un adolescente violento y descarado. Provienen de dos mundos completamente distintos. A pesar de todo, entre ambos nacerá un amor fuera de todas las convenciones. [...] (Extracto de la contraportada de mi ejemplar).

martes, 18 de diciembre de 2012

La OSECI presenta... En Navidad, ¿cuál incauto da más? (I)

Vuelven a las calles las luces de colores, las guirnaldas, las escarchas, el olor a pavo recién horneado; el verde, el rojo, el dorado… Y la gente corriendo por todas partes, intentando conseguir ese regalo especial para una persona querida, en cuyo caso se hace hasta lo imposible.

—Lo sentimos, pero no nos queda ninguno.

Era dieciocho de diciembre, faltaba una semana exacta para Navidad. Alguien miró con mala cara a la empleada de la Wonderful Queen, modesta pero estupenda tienda que había fundado en Agua Imaginaria una persona que conocemos bien… pero que especificaremos en otro momento.

—¿Cómo es eso? —inquirió en tono frío una joven de largo cabello rizado, cuyos mechones verdes parecían encresparse a cada segundo.

—Eh… Lo sentimos, señorita. El último fue adquirido por la OSECI.

La de mechones verdes parpadeó dos, tres veces, con aire confundido, antes de sonreír. Pero qué tan sarcástico y malicioso sería el gesto que la empleada sintió un repentino escalofrío y las ganas de salir corriendo de allí.

—Dígame, señorita, ¿quién de la OSECI compró el último?

—Ah… Eso no puedo decírselo. Políticas de la tienda.

—Entonces déjeme hablar con su jefa, ¿quiere?

La pobre empleada asintió. ¿Por qué tenían que tocarle a ella estas cosas?

~En el salón principal de la residencia de la OSECI…~

Mientras Joke y May estaban entretenidas bordando quién sabe qué, Luna acaparaba la pantalla de plasma viendo ¿cómo no?, un juego del Barça, gritando porras cada que la cámara enfocaba a su seudo–marido. De pronto, sonó por toda la residencia… ¿la melodía de Fireworks?

—¡Alguien conteste el teléfono! —gritó desde alguna parte la Fundadora y Líder Suprema.

A toda carrera, Pad entró a la sala principal, esquivando a Luna, que seguía como si nada sentada en un puff, y se lanzó sobre el aparato morado en forma de esfera.

—Residencia de la OSECI, ¿en qué podemos servirle? —inquirió en tono profesional.

La respuesta, al otro lado de la línea, obligó a la ahijada de May a retirarse el auricular de la oreja y aun así, sintió que no sirvió de nada.

—¡Quiero hablar con May! ¡Ahora!

—¿Yo qué? —soltó la Alcaldesa, despistada.

—Etto… ¿Esa no es Nea–sempai? —musitó Joke, asustada.

—¿Qué hiciste esta vez? —masculló Luna, sosteniendo con manos temblorosas un balón de fútbol con los colores y el escudo de su amado equipo.

—¿Yo? Nada, al menos que recuerde —con resignación, May fue a tomar la llamada —¿Sí, qué se te ofrece, Nea?

Tras unos segundos de escuchar atentamente, a la Encargada de los Chocos se le fue el color del rostro y sonrió con nerviosismo. Las demás presentes, a la vez, tragaron saliva.

—¿Con que es eso? Ya sabes cómo son las fiestas, Nea, todo el mundo compra y compra… ¿Una de nosotras? ¿Segura? Bueno, yo no fui, eso te lo aseguro… ¿Quién fue? No, olvídalo… Política de la tienda, ya sabes… ¡Que no, he dicho!

Y May colgó con cara de espanto, sabiendo lo que le esperaba. Miró a las otras.

—¿Alguien tiene un boleto a la Tierra Media o algo así? —musitó, antes de salir de allí como alma que lleva el diablo.

Luna, Pad y Joke intercambiaron miradas preocupadas, antes de encogerse de hombros y volver cada una a lo suyo.

Habían visto cosas más raras.

~En la biblioteca…~

Bell revisaba las cuentas del mes, sintiendo que algo no cuadraba. Finalmente, tras corregir un error de dedo en una de las cifras, contempló el resultado y frunció el ceño.

Esperaba que el evento funcionara; en caso contrario, ese año no habría regalos.

Y hablando de regalos…

—¡Bell, por Merlín, sálvame! —gritó May nada más entrar a la habitación, tras haber abierto las puertas de golpe.

—Por los dioses, May, ¿se puede saber qué te pasa? —espetó la joven mujer de lentes.

En menos de dos minutos, la Alcaldesa le contó lo sucedido, quedándose de piedra cuando Bell no se preocupó por su persona, sino que sonrió ligeramente.

—Lástima —dijo finalmente la Líder, meneando la cabeza —¿Ya está listo lo de esta noche?

—Sí, todo está listo, pero… ¡Mi vida peligra! ¡Más porque el año pasado le aumentaste el arsenal a esa loca!

—Que no te oiga Nea, o te pedirá elegir el arma —advirtió Bell con seriedad, cerrando el libro de cuentas de la OSECI.

—¿El arma para qué?

—¿Tú para qué crees?

Ante eso, May sintió un escalofrío.

—¿Aún así no piensas ayudarme? —soltó la gemela de Joke, desesperada.

—Pues no, solo a ti se te ocurre contestarle así a Nea.

—¡Pero es política de la tienda no decir quiénes compran las cosas!

—Lo sé, pero estamos hablando de Nea, ¿recuerdas?

May se paseó de un lado para otro, intentando calmarse, hasta que se detuvo, iluminada por una idea repentina.

—Se calmará si le digo lo que quiere saber —apuntó, causando que Bell rodara los ojos con hartazgo (¿hasta ese momento se daba cuenta?) —Solo debo hacerla prometer que no se lo diga a nadie y… Pero no, seguro quiere el nombre para ir a latiguear a la pobre que… ¿Tú sabes quién…?

Miraba a Bell, que de pie, le daba la espalda por contemplar el Comunitario, que ahora guardaba un ejemplar en inglés de la nueva novela de Rowling, un par de libros de Carlos Ruiz Zafón y la saga de una tal Cassandra Clare.

—Yo que tú dejaba que Nea se calme —sugirió la Fundadora, para luego mirarla con una ceja arqueada —¿Le mandaste la invitación?

—¿La…? —May palideció —Eh… Claro, claro, ¿cómo crees que lo olvidaría?

Acto seguido, la Alcaldesa volvió a huir.

—No sabes mentir, May —indicó Bell, suspirando, antes de volver a sentarse al escritorio y consultar una hoja donde aparecía escrita una especie de lista —Esperemos que todo salga bien.

Pero con la OSECI, era un hecho comprobado de que algo nunca saldría bien.

~En la oficina de Correos de Agua Imaginaria…~

—¡Otro para la OSECI! Estas chicas andan con todo…

Frikiloka no podía darse ni un descanso en esas fechas. Todos en el pueblo agradecían que hubiera llegado a imponer su tiranía… Eh, sus reglas a aquel sitio, donde antes siete de cada diez paquetes y misivas se perdían. Ahora, con la cantidad de tarjetas y regalos que todos querían que llegaran si no en Navidad, lo más cercano posible a esa fecha, supervisaba todo personalmente.

—¿Enviaste los avisos de los AP? —le preguntó a Tato.

La amiga de May, atareada en el mostrador, asintió sin mirarla.

Los dueños de los Apartados Postales solían ser notificados, cada mes, que debían pagar la cuota correspondiente, así como de cualquier cosa que les hubiera llegado y siguiera allí.

—¡Eh, otro para la OSECI! —avisó Luu en el otro extremo del mostrador.

—¿Qué demonios estarán tramando esas chicas? —se sorprendió Friki.

Tato y Luu le hicieron gestos que significaban “mejor ni preguntes”.

Y la jefa de la Oficina de Correos sabía que debía hacer caso.

~En la plaza principal de Agua Imaginaria…~

—No es justo, ¡no es nada justo! ¿Por qué me mudé a este remedo de pueblo?

Algunas señoras, que cargaban con la clásica despensa navideña barata de empresa tacaña (1), miraron a la joven de rizos oscuros con mala cara, pero al ver el látigo en sus manos, la katana en su cinto y el carcaj a su espalda con todo y arco, aceleraron el paso.

—Ah… ¿Por qué tus padres ya te tenían harta y querías ir a cuanta Feria del Libro se te antojara? —comentó a su lado un muchacho de camisa blanca y jeans, encogiéndose de hombros.

—Claro, eso era. Gracias por recordármelo, C —Nea le sonrió un momento al muchacho antes de fruncir el ceño —Aún así, ¿no puede esa tonta de May tener bien surtida su tienda?

—Pues… Lo que dijo de las fiestas es cierto, debes admitirlo.

—¡Por eso mismo! Debió ordenar un excedente o algo así. Me dan ganas de…

Nea hizo ademán de chasquear su látigo, hasta que vio a unas personas acercándose al kiosco en el centro de la plaza. Sonrió con malicia.

—Ellas deben saber algo —comentó, abandonando la banca donde estaba y encaminándose hacia quienes había visto, seguida de cerca por C.

—¡Hola, Nea! —saludó Veerie alegremente —¿Ya te instalaste?

—Sí, Dann me consiguió un departamento genial —respondió la otra, observando lo que la Sublíder Hippie estaba haciendo —¿Qué es eso?

—¡El anuncio del mes! —respondió Carmen con alegría, desde la cima de una escalera de mano sostenida por dos de sus guapos amigos —No sé de dónde saca las ideas Bell, pero este año lograremos sacar muchos fondos para Navidad.

—¿Qué harán este mes? —se interesó Nea.

—Ahora lo verás —apuntó Mery, subida también a una escalera, que Veerie sostenía en conjunto con Writer —Podría interesarte.

La dueña del Arsenal arqueó una ceja, incrédula, antes de ver desplegada aquella enorme lona con un letrero decorado, obviamente, con motivos navideños, aunque siendo de la OSECI, las letras eran en su mayoría moradas.

¡Habitantes de Agua Imaginaria, atended!

A sabiendas de la dificultad de encontrar un regalo original en esta época, les ofrecemos una alternativa:

¡Subasta de Navidad!

Están todos invitados hoy a las 7:00 P.M. a la residencia de la OSECI, donde podrán hallar de todo. Literalmente. ¡No se lo pueden perder!

Lo recaudado se destinará a la cena de Navidad pública de la OSECI y a diversas obras de caridad.

Firmado: Tooru Hally Beelia Potter, Fundadora y Líder Suprema.

P.D. Aceptaremos cualquier forma de pago: efectivo, cheque, tarjetas y/o transferencia bancaria. Igualmente, aceptaremos cualquier moneda (dólar y peso de cualquier país, euro, yen, etc.).

Decir que Nea estaba pasmada era poco. Con la boca ligeramente abierta, no sabía si maravillarse de las ideas que tenía Bell para conseguir fondos, indignarse porque no se le hubiera ocurrido a ella o…

—¿Qué cosas van a subastar? —inquirió, recuperada de la impresión y con el mejor tono educado que le salió.

Las Diosas Menores percibieron cierto peligro y se quedaron sobre sus respectivas escaleras. Writer, prudentemente, dio un par de pasos hacia atrás.

Pero claro, Veerie estaba allí, y ya saben lo que dicen.

La ignorancia de una SECI es felicidad… para alguien más, claro está.

~Horas más tarde, en el salón de baile de la residencia de la OSECI…~

La casa que ocupaba la OSECI era de arquitectura antigua. Muy antigua, incluso más que donde Doño Dann tenía instalado su Palacio. Tanto así que una de las habitaciones permanecía cerrada la mayoría del año: un salón de baile, que prácticamente abarcaba la mitad de la planta baja. Junto a él estaba la sala donde Mery practicaba sus danzas, pues se conectaban por medio de una puerta de madera pulida y oscura.

El salón poseía arañas de cristal que antaño iluminaban el sitio con velas, pero las SECI’s hicieron su mejor esfuerzo desde agosto para adaptarlas a la electricidad. Eso fue notorio cuando Bell entró y fue encendiendo, una por una, todas las arañas. El lugar era digno de admirarse, con su piso de duelas de madera pulida, las azules cortinas de las ventanas recién lavadas y colgadas, las sillas para el evento acomodadas frente a una sencilla tarima, en cuyo lado izquierdo (desde la perspectiva del público) se veía un micrófono y un atril.

La puerta doble de aquella habitación se abrió lentamente y aparecieron las Diosas Menores, la Sacerdotisa Escribana, la Sublíder Hippie… Y Nea, cargando con todo su arsenal y con un chico al que la Fundadora no conocía.

—¡Nea, guapa, qué gusto! —saludó Bell con una sonrisa, acercándose y dándole un abrazo a la susodicha —Por cierto, ¡feliz cumpleaños! —añadió, extendiendo el paquete que había escondido tras de sí.

La dueña del Arsenal miró la cosa cuadrada y envuelta en papel verde y un moño plateado, muy delgada para ser aquello que quería comprar en Wonderful Queen, pero lo recibió con una sonrisa y lo desenvolvió con cuidado. Al descubrir qué era, apenas contuvo un chillido de emoción, antes de enseñárselo a su acompañante.

—¡Mira nada más! ¡Es 1999!

Se trataba del CD de un grupo musical que a ninguna de las SECI’s se le hizo familiar, pero si eso mantenía contenta a Nea, para ellas era perfecto. Bell, por su parte, sonrió con ganas e hizo ademán de señalar su entorno.

—¿Qué te parece el lugar, Nea? Haremos una subasta aquí mismo.

—Sí, tus chicas me lo dijeron. ¿Qué vas a subastar?

—Un poco de esto, un poco de aquello… Y terminando, tenemos tu fiesta, claro está.

La de mechones verdes sonrió con satisfacción.

—¿Quién es él, por cierto? —quiso saber Bell.

—¿No te lo había presentado? Es mi nuevo novio, C.

Bell arqueó las cejas. ¿Esta chica estaba recorriendo todo el alfabeto o algo así? Porque no sabía qué haría al llegar a letras como la Q o la X. Sonrió, se encogió de hombros y le tendió la mano a C, quien recibió un entusiasta apretón.

—¡Muchísimo gusto! Espero que te guste Agua Imaginaria. Y que no te toparas con alguno de los chiflados…

El joven hizo un gesto despreocupado. Por suerte, Nea lo había prevenido: si había en aquel pueblo gente chiflada, esas eran las integrantes de la OSECI.

—Etto… Bell–sempai… Están llegando los invitados —anunció Joke desde la puerta.

—Muy bien, muy bien, háganlos pasar y que se sienten. En un momento comenzamos.

—¿Quién va a ser el subastador? —quiso saber Veerie.

Carmen y Mery se miraron con confusión, Writer arqueó una ceja y Bell suspiró.

—Nunca te enteras de nada, ¿eh, Vee–chan? May hizo un trato con Dann… Aunque ve tú a saber cómo lo hizo. Sole no ha querido contarme. Y ni loca le pregunto a él.

Todas las féminas asintieron en señal de acuerdo y C, por mero instinto, decidió no preguntar a qué se referían.

Además, presentía que acabaría enterándose.

~Continuará…~

&&&

(1) Bell hace referencia a que, en México, varias empresas suelen regalarles despensas a sus empleados en diciembre. Ella misma, este año, recibió una.

&&&

No es mucho, pero comenzamos el especial de Navidad (que Bell espera no acabar a destiempo, deséenle suerte). ¡Feliz cumpleaños, Nea! En teoría, la subasta transcurrirá el 18 de diciembre, aunque las entradas serán espaciadas hasta, máximo, el día treinta y uno (o eso espera Bell). Así las cosas, ¿qué creen que subastarán? ¿Qué quería comprar Nea? ¿Todo saldrá bien o, como siempre, pasará algo fuera de lo normal? Espero no tardar mucho en traerles las respuestas.

Cuídense mucho y nos leemos a la próxima.

lunes, 17 de diciembre de 2012

Personalidad Literaria VI: Maquillaje, maquillaje...

Nombre: Babi Gervasi.

Libro de origen: A tres metros sobre el cielo (en el idioma original, Tre metri sopra il cielo).

Descripción: Rubia, de ojos azules, bonita. De carácter mesurado la mayoría del tiempo, pero cuando la hacen enfadar puede dar miedo. Buena amiga, está en contra de las injusticias. Odia la violencia, a los que golpean por cualquier cosa, a que se robe y cosas así. En general, es una chica buena, que suele hacer lo correcto aunque le duela... A menos que entre en juego el amor.
[...] Una línea negra le alarga los ojos. El lápiz gris lo difumina, intentando hacerlos aún más bonitos. Los dientes blancos saben a menta. Un delicado brillo le cubre los suaves labios haciéndola aún más deseable. Las mejillas, coloreadas de rojo en estado natural, se difuminan solas a la perfección.

domingo, 16 de diciembre de 2012

Domingueras mudas

¡Hola, hola! ¿Qué, alguien me extrañó? ¿O creyeron que había muerto definitivamente? Da igual...

Hoy es domingo. Mi rutina de los domingos es desayunar (tarde), lavar y tender ropa, almorzar (casi siempre huevos, es el único día de la semana en que medio cocina Bell), ver películas, comer, flojear... En fin, es un día equis. Al menos para mí, que el resto de la semana trabajo y no puedo olvidarme de compras, ventas, gastos, impuestos y demás...

A todo esto, les comento que el sábado en la noche fue el mentado intercambio de regalos con mis compañeros del trabajo. Pedí a propósito un dije en forma de "T" (no por Tooru, no por Tooru...) porque yo nunca, jamás, lo encuentro y me fue concedido junto a unos aretes en forma de delfines. Yo regalé un recetario con una dedicatoria. Y de allí me fui a otra fiesta, a un cumpleaños... que por varias causas, me hicieron regresar a casa casi a las cinco de la mañana.

¿Por qué les cuento todo eso, que tal vez ni les importe? Verán, la fiesta de cumpleaños era en honor a una amiga de la prepa que veo cada mil años (exagera Bell, pero se entiende el punto, ¿no?). Le regalé un espejo de bolsillo con una tapa divina, hasta me lo quería quedar yo, pero en fin... (Bell se despistó, en seguida se concentra). Iba resfriada, por lo que el único vaso de whiskey con agua mineral y refresco de cola que bebí me fue dejando sin voz en el transcurso de la noche. ¿Les suena? Sí, el año pasado, precisamente en este mes, me andaba quejando de lo mismo. Ingenua yo, creyendo que no me volvería a pasar... (Bell rueda los ojos).

Dejando de lado mi endeble salud, ¿recuerdan que publico fics, no? Pues pueden visitar alguno de los perfiles que se ven arriba (Bell señala las pestañas debajo del nombre y la frase del blog) y lean, comenten y demás, háganme feliz. En fin, el sábado actualicé LAV, no me han llegado comentarios aún pero por Twitter una lectora acaba de decirme que "detesta tanto misterio". Aunque fuera de eso, parecía encantada, así que muy enojada no estaba, ¿verdad?

Y en mi empleo esclavista (?) tuve posada el miércoles, así que no trabajamos (Bell baila la conga). Es política allí que si tienes cumplido un año de labores, te dan una despensa. A mí me tocó, venía en una caja enorme que no pude cargar porque traía lastimada la muñeca derecha, así que se la pasé a mi hermana (a esa posada se puede llevar a la familia). Llegando a casa vacié la caja y traía varias cosas, aunque al día siguiente, en la oficina, mis colegas decían que la del año pasado (que a mí todavía no me tocaba) había sido mejor. La gente nunca queda conforme, vamos...

Me paso a retirar, después de este saludo, acordándome que hacía mucho que no sacaba algo personal: salían cosas de mis fics, de los libros que he leído, pero de mí casi nada. No, no, debo cambiar eso... cuando pueda (Bell rueda los ojos, ni ella se la cree).

Cuídense mucho y nos leemos a la próxima.

P.D. Esperen algo próximamente, por la época... si es que nada me lo impide.

miércoles, 12 de diciembre de 2012

Describiendo a... (XXXVIII)

Título: Riesgo calculado (en el idioma original, A Calculated Risk).

Autor: Katherine Neville.

Sinopsis: Verity Banks es un genio informático y la ejecutiva más cotizada del todopoderoso Banco del Mundo, pero, cuando su jefe descarte su propuesta de mejorar la seguridad informática de la compañía, no dudará en tramar un plan perfecto que demuestre hasta qué punto está equivocado y que, de paso, le reporte una buena suma de dinero. Sin embargo, la pequeña travesura de Verity adquirirá nuevas dimensiones cuando entre en escena Zoltan Tor, mentor, mago de las finanzas y vividor, y le proponga un tentador reto: robar mil millones de dólares, invertirlos para ganar treinta millones en tres meses y devolverlos sin que nadie se dé cuenta. [...] (Extracto de la portada de mi ejemplar).

lunes, 3 de diciembre de 2012

Pormenores de una visita soñada

¡Hola, hola! ¿Cómo han estado? (Como de costumbre, se oye el canto de los grillos). Ya, finjan que se alegran, ¿quieren? Gracias...

Ahora, se preguntarán a qué viene una entrada en estos momentos, cuando ando atrasada con las seudo-reseñas, y Tinta a la Carta sigue en pausa, y no he empezado nada para Navidad (Bell rueda los ojos)... Pero esto tenía que contarlo, sin falta, agradeciendo a Makoto Black (la genial Mako-sama, hagan caso a la publicidad descarada y visítenla) la invitación que hizo realidad uno de mis pequeños sueños guajiros.

Damas y caballeros, oficialmente puedo decir que he ido a la Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara.

(Varios miran a Bell con ansias asesinas mientras unos cuantos aplauden).

Bueno, después de haber divulgado el dato a los cuatro vientos, comencemos:

En primer lugar, en su humilde casa no querían que fuera. O mejor dicho, mi madre puso mala cara al saber que me invitaban a Guadalajara precisamente a la FIL. Si recuerdan mi última bitácora (la de mis vacaciones de octubre), recién había visitado allí una Feria del Libro, la del Zócalo, y no le hacía gracia que fuera de nuevo a despilfarrar en libros. Así pues, soltó algo como "si me dices que no compras ni un libro, vas". Obviamente la mandé al diablo (lo menos grosera que pude) porque era una petición irracional y le confirmé a Mako-sama que iba, so pena de sufrir la ira materna, aunque de hecho, la Doña estaría fuera de la ciudad... visitando precisamente Guadalajara, si no mal recuerdo.

Como sea, el domingo pasado quedamos de vernos a las ocho de la mañana. Por culpa de ciertas cosas (cofreténcof), a Mako-sama se le hizo tarde. Tras un larguísimo trayecto en carretera (la mitad del cual me la pasé durmiendo), llegamos. Y oh, Dios... ¡Oh, Dios!

Hubiera querido pedir mis vacaciones la semana pasada. Ese lugar (del que ahora no recuerdo el nombre) es enorme y había un montón de puestos, de varias editoriales, tanto nacionales como internacionales, ¡y hasta en otros idiomas! Nos conseguimos un mapa al entrar, pero al principio agarramos una de las "calles" y comenzamos a caminar. Sí, puro paseo a lo loco. Yo llevaba mi lista mental de libros que quería conseguir, y Mako-sama traía la suya en papel, pero al cabo de un rato, vimos que era imposible ir a la deriva sin saber más o menos dónde estaban los mentados libros (por no hablar de que nos perdíamos entre tanto local), así que por suerte fuimos a dar a donde podían consultarse los catálogos. Con esa ayuda y el fiel mapa, ya estábamos mejor encaminadas, aunque habíamos encontrado unos cuantos puestos de interés en el camino.

Visitamos las editoriales conocidas, obviamente. En Grupo Planeta hice mi primera compra, Cazadores de Sombras 5. Ciudad de Almas Perdidas, libro que como saben, debo dejar en la lista de espera un rato más porque ni siquiera he leído el primero (aquí Bell se va al refugio anti-bombas). Luego, en Grupo Santillana, al que pertenece Alfaguara, conseguí tres ejemplares de la colección En el infierno (historias paranormales de autores varios): Noches de baile en el infierno, Amor en el infierno y Vacaciones en el infierno. Después, en Random House Mondadori, increíblemente solo compré un libro (el más caro de la jornada, si no me falla la memoria): Oscuros. La primera maldición, el condenado final de la extraña saga que no sé si odio o amo (Bell rueda los ojos); además, adquirí allí una playera negra, ¡estampada con la portada de Danza de Dragones! (Bell delira de felicidad). Mako-sama, una amiga suya y yo pensábamos tomarnos una foto en el Trono de Hierro, pero era feúcho, de cartón, y así como que no (Bell rueda los ojos). Después, en Editorial Norma, me apoderé del "huerfanito" (así lo llamó la muchacha del local) de Vampyr, libro recomendado por Lunatica en su blog, y de la secuela, Vajda; también compré allí Querida Alejandría, una de las tantas, tantísimas recomendaciones de Nea Poulain. Y ya para terminar (¿en serio?), en Ediciones El Naranjo, me apoderé de Copo de Algodón, también recomendado por Nea, además de que el personaje principal lo conocí por Isabel Moctezuma, libro seudo-reseñado hace poco.

Tuve mis decepciones, como no encontrar el primero de la trilogía de Fairy Oak o que el presupuesto asignado para esto se acabara justo cuando llegué a SM, la editorial de la mayoría de los libros de Laura Gallego García. Y llevaron los cómics de Idhún, aunque solo habían solitarios ejemplares de los primeros dos (que ilustran "La búsqueda", quien conozca la historia de Idhún, sabrá de qué habla Bell). Tenían en su catálogo otro libro que recomendaba Nea, pero no lo hallé. Eso fue lo malo de ir el último día, lo que mostraban era lo que les quedaba (Bell suspira con resignación). Igual me sentí medio triste de llegar a Fondo de Cultura Económica, que está sacando las obras de Cornelia Funke, y quise llevarme de un jalón su trilogía pero solo tenían Corazón de Tinta y Sangre de Tinta (faltaba el último, Muerte de Tinta).

Acabar acalorada (en serio, ¿por qué hace calor en diciembre? No es que el frío sea lo máximo, pero...), con los pies adoloridos y un hambre de muerte no es muy agradable que digamos. Pero vamos, ¡era la FIL de Guadalajara! Con tanto qué ver y poco tiempo, nos perdimos la parte internacional, ya saben, donde estaban otras editoriales (de las que solo alcancé a ver algo de Norma Cómics, muy de lejos). Tampoco voy a andarme quejando demasiado, porque al menos comprobé que si te molestas en ir directamente al puesto de la editorial, puedes hallar buenos descuentos (como en Norma, que me dieron el 20% en TODO lo que compré), pero había gente que por comodidad iba al puesto de alguna librería reconocida (como Gonvill o Gandhi) y así se perdía algunas cosas.

Ya con las manos llenas (o en mi caso, con mi enorme bolsa de Mafalda comprada en el Zócalo), nos fuimos de la feria. A comer, por supuesto, después de tanto caminar y batallar, era lo más justo. Y tras comer, lo único que quedaba era otras cuantas horas en carretera para llegar a mi ciudad a buena hora de la noche, no muy tarde, pero ya oscuro, y yo temiendo que mi madre hubiera llegado porque, para como quizá dedujeran, me largué sin decirle ni media palabra y seguro me regañaría. Pero tuve suerte, ella llegó de su viaje después, además que hasta ahora le ha valido, y eso que anduve delante de ella estrenando mi playera de Danza (Bell rueda los ojos mientras sonríe con malicia).

Bien, ¿qué piensan? ¿Volví con un buen "botín"? ¿Debí comprar algo más? ¿Iré a Guadalajara alguna otra ocasión? Estas y otras preguntas seguro las sabrán por este mismo canal el año que viene... quizá.

Cuídense mucho y nos leemos a la próxima.