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miércoles, 4 de marzo de 2026

Describiendo a... (CCCXXVII)

Título: Terror en la red 3: Los hombres que querían apagar la luz del mundo.

Autor: Álvaro Colomer y Antonio Lozano.

Sinopsis: [...] la secta ha secuestrado a Derek y lo ha trasladado a su sede central en Japón. Parece una locura para Nerea plantearse si quiere tratar de rescatarlo, pero la policía no avanza en sus investigaciones y ella sigue sintiendo que le quiere y que es la única esperanza del chico. Solo cuando se ve dentro del Airbus A380 con destino Tokio se da cuenta de que ya no hay vuelta atrás, ignorando si puede fiarse de la rama japonesa de la fky7, una organización dedicada a combatir a la secta Koruki-ya. (Extracto de la contraportada de mi ejemplar).

miércoles, 25 de febrero de 2026

Describiendo a... (CCCXXVI)

Título: Terror en la red 2: La mujer con el corazón lleno de tormentas.

Autor: Álvaro Colomer y Antonio Lozano.

Sinopsis: «[...] Te he enviado mensajes de Facebook, de Twitter y de Tuenti. Te he mandado correos electrónicos a las diversas cuentas que tenías. Incluso te he telefoneado a casa. Pero nadie contesta. Parece que El niño de la habitación haya desaparecido de la faz de la Tierra. Estoy un poco asustada. [...]» (Extracto de la contraportada de mi ejemplar).

miércoles, 18 de febrero de 2026

Describiendo a... (CCCXXV)

Título: Terror en la red 1: El chico que vivía encerrado en una habitación.

Autor: Álvaro Colomer y Antonio Lozano.

Sinopsis: «[...] He encontrado tu nombre entre una serie de personas que tenía agregada a La Sombra como amigo. Lo último que hizo mi hermano antes de dejar de dar señales de vida fue agregar a esa Sombra a su lista de amigos. Si no me equivoco, todos los que la agregaron permanecen inactivos. Excepto tú. Por favor, ponte en contacto conmigo urgentemente. Estoy un poco asustada. [...]» (Extracto de la contraportada de mi ejemplar).

sábado, 2 de marzo de 2024

Tinta a la Carta CXXXVI: Desayuno en tres tiempos

~Entrada~
El quinto dragón
(Paulina Aguilar Gutiérrez)
Algo me obligó a abrir los ojos, y cuando lo hice un dragón blanco revoloteaba sobre mi cabeza. Me puse de pie y el dragón se me acercó. Era completamente blanco e irradiaba brillo desde su interior. En el campo de batalla había visto a cuatro gigantes dominando un cielo violento. Y ahora veía un ser hermoso y etéreo, que no tenía piel de reptil, sino un pelaje finísimo cuya textura parecía de plumas de pájaro. Fascinado, me acerqué; no parecía querer hacerme daño y yo deseaba tanto tocarlo. Cuando puse mi mano sobre su piel suave, el dragón abrió los ojos. Eran dorados, como el sol, como el fuego y como ella también. Al ver sus ojos y tocar su piel supe la verdad que nadie sospechaba y que yo tampoco había intuido. Solo hasta ese momento supe quién era ese dragón.

~Plato Fuerte~
Terror en la red 2. La mujer con el corazón lleno de tormentas
(Álvaro Colomer & Antonio Lozano)
En principio, Ojo de Tiburón no comprendió que una japonesa como aquella, es decir, que alguien que controlaba una de las organizaciones criminales más buscadas de todo el globo terráqueo, no fuera más discreta en sus apariciones en público, pero enseguida comprendió que, con aquel rostro y esa altura, Akiko Watanabe jamás pasaría desapercibida. En consecuencia, había optado por hacer lo contrario a lo que se esperaría de alguien sospechoso de cometer crímenes en todo el mundo: llamar todavía más la atención. A fin de cuentas, un equipo de más de doscientas personas, en su mayoría abogados e informáticos repartidos por todo el planeta, se encargaban de limpiar su imagen de cualquier posible sospecha, de borrar sus huellas, de blindarla, por lo que no importaba que la policía supiera que la Gran Dama había llegado a la ciudad. Nada podían hacer contra ella.
—Señora Watanabe, sea usted bienvenida —le dijo Ojo de Tiburón cuando la tuvo enfrente.
—Llévame al hotel —respondió ella con una voz metalizada que estremeció a su secuaz—. No hay un segundo que perder.
 
~Postre~
Una habitación propia
(Virginia Woolf)
[…] Cuanto podía ofrecerles era una opinión sobre un punto sin demasiada importancia: que una mujer debe tener dinero y una habitación propia para poder escribir novelas; y esto, como ven, deja sin resolver el gran problema de la verdadera naturaleza de la mujer y la verdadera naturaleza de la novela. He faltado a mi deber de llegar a una conclusión acerca de estas dos cuestiones; las mujeres y la novela siguen siendo, en lo que a mí respecta, problemas sin resolver. Mas para compensar un poco esta falta, voy a tratar de mostrarles cómo he llegado a esta opinión sobre la habitación y el dinero. Voy a exponer en su presencia, tan completa y libremente como pueda, la sucesión de pensamientos que me llevaron a esta idea. […]

Con mis agradecimientos para Nea Poulain, por la idea para el ciclo de entradas "Tinta a la Carta".

sábado, 2 de diciembre de 2023

Tinta a la Carta CXXXI: Desayuno en tres tiempos

~Entrada~
Las niñas van donde quieren
(Irene Cívico & Sergio Parra & Núria Aparicio)
[…] A ver, lo del estereotipo este del sexo débil no solo es nefasto sino que, además, es una de las mentiras más grandes de la historia. Mentira. Podrida.
Pero, claro, el daño ya estaba hecho. Porque, cuando te repiten algo sin parar, inevitablemente te lo acabas creyendo un poco. Y millones de chicas alrededor del mundo creyeron durante mucho tiempo que había cosas que no podían hacer. Porque les decían que no eran suficientemente listas, o fuertes o que esas cosas no eran «de chicas». Pero, como ustedes bien saben, eso no es cierto. Eso es otra mentira. Súper podrida.
Las chicas que encontrarán en este libro no se lo creyeron. Creyeron en sí mismas, fueron extra valientes y abrieron el camino a todas las demás. Quizá no estaban cien por ciento seguras de conseguirlo, pero sí quisieron intentarlo. Y llegaron donde ninguna otra chica había ido antes. Ya fuera a lo más alto de una montaña, a lo más profundo del océano a la otra pinta del mundo.
 
~Plato Fuerte~
Terror en la red 1. El chico que vivía encerrado en una habitación
(Álvaro Colomer & Antonio Lozano)
Derek dio un respingo al leer el mensaje. Hasta ese momento no había relacionado cierto incidente ocurrido unas noches atrás con La Sombra. Solo ahora, por las palabras de Nerea, caía en la cuenta de que esa situación extraña, aquel susto que se llevó poco después de apagar el ordenador, había ocurrido de forma consecutiva a que hubiese agregado a la persona oculta tras el oscuro seudónimo a su cuenta de Facebook. Confuso e inquieto, decidió que ya contestaría el mensaje más adelante. Así que se metió en la cama y, una vez más, soñó que esquiaba.
Sin embargo, sobre las 03:24 se despertó sobresaltado, víctima de una pesadilla en la que algo intentaba tragárselo mientras descendía por una pista absolutamente despejada. Salió del sueño justo cuando la pendiente se convertía en un precipicio al fondo del cual se extendía la oscuridad. Pero no una oscuridad cualquiera, sino la de una enorme sombra con la boca abierta.
 
~Postre~
El león, la bruja y el ropero
(C. S. Lewis)
«¡Madre mía! ¡Este armario es enorme!», pensó Lucy, avanzando más aún, a la vez que apartaba a un lado los suaves pliegues de los abrigos para poder pasar. Entonces notó que había algo que crujía bajo sus pies. «¿Serán más bolas de naftalina?», se preguntó, inclinándose para palparlo con la mano. Pero en lugar de tocar la dura y lisa madera del suelo del armario, tocó algo blando, arenoso y sumamente frío.
—Esto es muy raro —dijo, y dio un paso o dos al frente.
Al cabo de un instante se percató de que lo que le rozaba el rostro y las manos ya no era suave piel sino algo duro y áspero e incluso espinoso.
—¡Vaya, pero si son ramas de árboles! —exclamó.

Con mis agradecimientos para Nea Poulain, por la idea para el ciclo de entradas "Tinta a la Carta".