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sábado, 16 de marzo de 2024

Tinta a la Carta CXXXVIII: Comida en cinco tiempos

~Aperitivo~
Wild Cards, Juego sucio
(Varios, edición de George R. R. Martin)
Una idea surgió en la mente de Brennan. Sólo los muertos, pensó, lo saben todo. Ellos habían terminado, y desde su punto de vista todo estaba finalizado. Sus vidas se habían completado. Sólo los muertos podían conocer del todo Jokertown, pues no tenían necesidad del conocimiento. Al igual que Brennan, cuando vivía en las montañas. Su vida era pacífica, invariable y serena. Y era una vida muerta. Pero había vuelto a vivir. El precio de volver a vivir era la sensación de incertidumbre y pérdida de control que lo invadía cada vez más. Un precio muy alto, pero se daba cuenta de que podía pagarlo por lo menos hasta ese momento del juego.
 
~Entrada~
El solitario Atlántico
(Jorge López Páez)
¿Dónde estaría Doña Blanca? El cielo azul, lejano el mar y sin embargo cercándome. Se me acabaron las lágrimas. Busqué un refugio, y no encontré uno solo. Ahí estaba yo en el muro, cerca de la indiferente piñanona. Me pareció estar a la orilla del mar: las olas mordían mis pies. Todo era un mar. Todo era un mar. Un mar infinito. Me figuré a los Aragones como implacables tiburones. Ahí estarían lanzándome en arponazos el “alcahuete”, el “alcahuete. Ahí estaba viéndome ante mi madre, como no me había visto antes. De repente, subí a mi barca. Miré a la popa: no había nadie. A pesar del cielo azul, todo el mar estaba encrespado y “ciegamente me lancé como destino en el solitario Atlántico”.
 
~Plato Fuerte~
Iskari
(Kristen Ciccarelli)
¿No tenía miedo?
Como no respondió, el joven hizo algo aún peor: levantó la vista hacia ella.
Un calor repentino la atravesó cuando sus miradas se encontraron. Los ojos del chico eran tan penetrantes como el acero recién afilado. Debería haber apartado la vista, pero esta se dirigió de sus ojos —negros, como los de su madre— a la cicatriz arrugada que le surcaba la cara y el cuello, y desaparecía bajo su camisa.
La gente siempre la miraba, así que ya estaba acostumbrada, y los niños hasta la señalaban con el dedo. Aunque la mayoría desviaba la vista en el acto en cuanto veía esa cicatriz. Aquel esclavo, en cambio, parecía recrearse en ella. Su mirada era curiosa y atenta, como si Asha fuera un tapiz y no quisiera perderse el menor detalle.

~Entremés~
Cazadores de Sombras. Renacimiento 3. La Reina del Aire y la Oscuridad
(Cassandra Clare)
Emma dejó que Cristina la levantase. Magnus y Alec iban hacia ellas. Este último tenía el rostro tenso y los ojos rojos. Emma, con su mano en la de Cristina, recorrió el salón con la mirada, y le pareció un lugar totalmente diferente de aquel al que habían llegado hacía unas horas. Quizá porque antes brillaba el sol, pensó Emma, mientras oía vagamente que Magnus y Alec hablaban con Cristina sobre llevarla a una casa que habían reservado para los Blackthorn. Tal vez fuera porque el salón se había oscurecido y las sombras en los rincones eran tan espesas como capas de pintura.
O podía ser porque todo había cambiado. Quizá porque nada volvería a ser como antes.
 
~Postre~
La magia de Recluce
(L. E. Modesitt Jr.)
—Bueno, ¿a dónde tengo que ir?
—¿Estás seguro? —preguntó tío Sardit con la boca llena.
—¿Es que me queda otra opción? O me meto en un barco y me voy al exilio o trato de aprender todo lo que pueda antes de hacer algo.
—Creo que has elegido correctamente —dijo tía Elisabet—. Pero no es tan sencillo.
Después de acabar el pan y el queso en el tenso ambiente de la estancia, volví a mis aposentos sobre la tienda y comencé a hacer el equipaje. Tío Sardit dijo que guardaría la silla y los otros muebles hasta que volviera.
No mencionó el hecho de que pocos Dangergelders regresaban. Yo tampoco lo mencioné.

Con mis agradecimientos para Nea Poulain, por la idea del ciclo de entradas "Tinta a la Carta".

sábado, 16 de diciembre de 2023

Tinta a la Carta CXXXIII: Comida en cinco tiempos

~Aperitivo~
Wild Cards, El viaje de los ases
(varios, edición de George R. R. Martin)
Los jokers generan lástima y odio. Pero los ases aún conservan gran poder, y por primera vez en muchos años un importante segmento del público ha empezado a desconfiar de ellos y a temer dicho poder. No es de extrañar que demagogos como Leo Barnett hayan ganado tanta presencia en la opinión pública recientemente.
Así que estoy convencido de que nuestro viaje tiene una agenda oculta: lavar la sangre con algo de "buena tinta", como se dice, a fin de disipar el miedo de la gente, reconquistar su confianza y alejar los pensamientos del público de los sucesos del Día Wild Card.
Admito tener sentimientos encontrados con respecto a los ases, algunos de los cuales definitivamente abusan de su poder. Sin embargo, como joker, espero desesperadamente que tengamos éxito… y temo desesperadamente las consecuencias en caso de que no sea así.
 
~Entrada~
Matar un reino
(Alexandra Christo)
—Si eres la poderosa Perdición de los Príncipes, entonces podrás robar el corazón de este príncipe incluso sin tu voz. Sin tu canción.
Intento aferrarme a la conciencia, pero el océano me ahoga. La sal y la sangre raspan mi garganta hasta que solo puedo jadear y golpear. Pero aguanto. No sé qué pasará si cierro los ojos. No sé si alguna vez los abriré de nuevo.
—Si quieres regresar —gruñe la Reina del Mar—, tendrás que traerme su corazón antes del solsticio.
Intento concentrarme, pero las palabras de mi madre se convierten en ecos. Sonidos que no puedo entender. No logro entender ni orientarme. Me ha destrozado y no es suficiente para ella.
Mis ojos comienzan a cerrarse. El negro del mar se difumina en el fondo de ellos. El agua de mar se arremolina en mis oídos hasta que no queda más que entumecimiento. Con una última mirada a la sombra borrosa de mi reina, cierro los ojos y me rindo a la oscuridad.
 
~Plato Fuerte~
Fuego
(Joe Hill)
El Bombero levantó la mano izquierda, respiró hondo y sopló para librarse de los restos del humo. Tenía la palma bosquejada de escama de dragón. Las delicadas líneas negras estaban cubiertas de cenizas, la superficie blanca como la nieve, con unas cuantas chispas que despedían un leve brillo. El resto de la piel que le cubría la mano estaba… bien. Limpia, sana y rosada, y sin quemadura alguna, aunque pareciera imposible.
—Me encanta cuando hace eso, pero el mejor truco es cuando crea un fénix. Es mejor que los fuegos artificiales —dijo Allie.
—¡Cierto! —exclamó el inglés mientras giraba la cabeza para dedicarles una sonrisa descarada—. En comparación, el cinco de noviembre y el cuatro de julio son una patata. ¿Quién necesita bengalas cuando me tiene a mí?

~Entremés~
RoseBlood
(A. G. Howard)
Ahora soy la única que puede continuar con la canción, y lo hago… hasta el final, hasta que la última nota, aguda y completa, brota con desenfreno de mi garganta. El acorde resuena sobre el silencio como un lamento fantasmagórico, hermoso y trágico.
Percibo un tono rojo que se arremolina en los límites de mi campo de visión y me ceden las piernas. Un chico de la primera fila se levanta rápidamente de la silla para sujetarme. Cuando salgo del trance, la vergüenza me emponzoña la sangre como si fuera veneno.
Cierro los ojos de golpe y hago lo único que puedo hacer para conservar la dignidad: me desplomo sobre mi salvador y finjo que me desmayo.
 
~Postre~
Los viajes de Tuf
(George R. R. Martin)
Mucho tiempo después, cuando el Arca ya estaba limpia y tanto él como Caos y Desorden estaban cómodamente instalados en la suite del capitán, a la cual había trasladado todos sus efectos personales después de haber dispuesto de los cadáveres, hecho las reparaciones posibles e imaginando un medio de calmar a la increíblemente ruidosa criatura que vivía en la cubierta seis, Haviland Tuf empezó a registrar metódicamente la nave. Al segundo día logró encontrar ropas, pero tanto los hombres como las mujeres del CIE habían sido más bajos que él y considerablemente más delgados, por lo cual ninguno de los uniformes le iba bien.
Pese a todo, logró encontrar algo que sí fue de su agrado. Se trataba de una gorra verde que encajaba perfectamente en su calva y algo blanquecina cabeza. En la parte delantera de la gorra, en oro, se veía la letra theta que había sido la insignia del cuerpo.
—Haviland Tuf —le dijo a su imagen en el espejo—, ingeniero ecológico.
No sonaba mal del todo, pensó.

Con mis agradecimientos para Nea Poulain, por la idea para el ciclo de entradas "Tinta a la Carta".

sábado, 16 de septiembre de 2023

Tinta a la Carta CXXVIII: Comida en cinco tiempos

~Aperitivo~
Wild Cards, Jokers salvajes
(Varios, edición de George R. R. Martin)
El 15 de septiembre se convirtió en el día Wild Card. Un momento para las celebraciones y los lamentos, para la pena y la alegría, para recordar a los muertos y apreciar la vida. Un día de fuegos artificiales y banquetes conmemorativos, un día para beber y hacer el amor y pelearse en los callejones. Cada año, las festividades resultaban mayores y más acaloradas. Las tabernas, los restaurantes y los hospitales batían récords, los medios empezaron a darse cuenta y finalmente, por supuesto, llegaron los turistas.
Una vez al año, sin autorización ni estatuto, el Día Wild Card se apoderaba de Jokertown y Nueva York, y el carnaval del caos reinaba en las calles.
El 15 de septiembre de 1986 era el cuadragésimo aniversario.
 
~Entrada~
El abuelo que saltó por la ventana y se largó
(Jonas Jonasson)
El anciano no solía exasperarse con la gente, hubiera o no motivo para ello, y en esta ocasión tampoco lo incomodó la grosería del joven. No obstante, huelga mencionar que tampoco le inspiró una simpatía especial, lo cual tuvo suma relevancia en lo que sucedería a continuación.
Que fue que el coche de línea 202 paró delante de la entrada escasos segundos después de que el melenas se encerrara en el aseo. Allan miró el autobús y luego la maleta, después de nuevo el autobús y otra vez la maleta.
Tiene ruedas, se dijo. Y un asa para llevarla.
Y entonces se sorprendió tomando lo que se podría calificar como la decisión que le cambiaría la vida.
 
~Plato Fuerte~
American Gods
(Neil Gaiman)
Oyó un educado carraspeo que provenía del urinario situado a su derecha, aunque no había oído entrar a nadie.
El hombre del traje claro era más grande de pie de lo que le había parecido cuando lo vio sentado en el avión. Era casi tan alto como Sombra, y eso que él lo era mucho. Miraba fijamente al frente. Terminó de mear, se sacudió las últimas gotas y se subió la cremallera.
El hombre le sonrió, como un zorro comiendo carroña de una valla de alambre de espinas.
—¿Y bien? —dijo el señor Wednesday—. Ya has tenido tiempo para pensar, Sombra. ¿Quieres el trabajo?

~Entremés~
Historias de la Academia de Cazadores de Sombras
(Cassandra Clare & Sarah Rees Brennan & Robin Wasserman & Maureen Johnson)
—[…] Ahora voy a explicarte toda la medicina moderna.
—Por favor no hagas eso, Marisol —dijo Jon—. No me siento bien después de que explicaste la apendectomía. Ni siquiera pude comer.
Marisol hizo una mueca a su plato.
—Si lo que dices es cierto, te hice un gran favor.
—Me gusta comer —dijo Jon.
—Claro —dijo Marisol—. Así que no te explico medicina moderna, y de repente me ocurre una emergencia médica. Podría ser resuelto con una pequeña aplicación de primeros auxilios, pero no sabes eso, y entonces muero. Muero a tus pies, ¿es eso lo que quieres, Jon?
—No —replicó Jon—. ¿Qué son los primeros auxilios? Hay… ¿Segundos auxilios?
—No puedo creer que me dejaras morir cuando eso pudo haber sido evitada tan fácilmente, si tan solo hubieras escuchado —soltó Marisol sin piedad.
—Está bien, ¡está bien! Escucho.
—Genial, consígueme algo de jugo, porque estaré hablando por un rato. Aún estoy dolida de que hayas considerado dejarme morir.
 
~Postre~
Doctor Sueño
(Stephen King)
—Todo va bien —le tranquilizó Dan—. Solo necesita dormir. El sueño le hará bien.
—¿Es así como lo llamas?
—Sí. Lo llamo «sueño». No hay peligro en el sueño.
—No te vayas.
—No me voy. Estoy con usted.
Sí. Ese era su terrible privilegio.
Charlie volvió a cerrar los ojos. Dan hizo lo propio y vio un destello azul que latía en la oscuridad. Una vez… dos veces… pausa. Una vez… dos veces… pausa. Fuera, el viento soplaba.
—Duerma, Charlie. Lo está haciendo bien, pero está cansado y necesita dormir.
—Veo a mi mujer. —El más débil de los susurros.
—¿Sí?
—Dice…
No hubo más, tan solo una última pulsación azul tras los párpados de Dan y una última exhalación del hombre en la cama. Dan abrió los ojos, escuchó el viento y esperó el final. Llegó pocos segundos después: una neblina de un apagado color rojo que surgió de la nariz, la boca y los ojos de Charlie. Era lo que una vieja enfermera en Tampa […] llamaba «la boqueada». Afirmaba haberla visto muchas veces.
Dan la veía todas las veces.
 
Con mis agradecimientos para Nea Poulain, por la idea para el ciclo de entradas "Tinta a la Carta".

sábado, 15 de julio de 2023

Tinta a la Carta CXXIII: Comida en cinco tiempos

~Aperitivo~
Wild Cards, Ases en lo alto
(Varios, edición de George R. R. Martin)
—¡No puedo creerlo! —exclamó Travnicek, en alemán. El androide sintió que otro respingo se avecinaba. Travnicek se quedó boquiabierto ante el televisor, sorprendido.
—¡Te estás cogiendo a la actriz! —dijo—. ¡Esa Cyndi como-se-llame!
El androide se resignó ante lo que se avecinaba.
—Es correcto —dijo.
—Eres una maldita tostadora —dijo Travnicek— ¿Qué demonios te ha hecho pensar que podías coger?
—Me dio el equipo —dijo el androide—. Y me implantó emociones. Y encima me hizo apuesto.
 
~Entrada~
Los Miserables
(Victor Hugo)
A la mañana siguiente, al rayar el día, Jean Valjean estaba todavía al lado de la cama de Cosette. En su alma entraba una cosa nueva.
Jean Valjean no había amado nunca. Hacía veinticinco años que estaba solo en el mundo. Nunca había sido padre, amante, marido ni amigo. El corazón del viejo presidiario estaba lleno de virginidades.
Cuando vio a Cosette, cuando la tuvo consigo, la llevó y la libertó, sintió removérsele las entrañas.
Gracias a él, Cosette pudo marchar por la senda de la vida: gracias a ella, pudo él continuar en el camino de la virtud. Fue el sostén de aquella niña, y la niña fue su punto de apoyo. ¡Oh, misterio insondable y divino de los equilibrios del destino!
 
~Plato Fuerte~
Neverwhere
(Neil Gaiman)
—¿Pues de qué tienes miedo, entonces?
—El camino hasta allí. Se instala cada vez en un lugar diferente. Va cambiando de sitio. Y para llegar hasta el lugar donde se instalará esta noche… —Acarició el collar de cuarzo que llevaba al cuello, nerviosa—. Tenemos que atravesar un barrio muy peligroso.
Parecía realmente asustada.
Richard reprimió el impulso de pasarle el brazo por los hombros.
—¿Y cuál es ese barrio? —preguntó.
Anestesia se volvió hacia él, se apartó el pelo de los ojos y se lo dijo.
—Knightsbridge —repitió Richard, y se echó a reír.
La chica se dio la vuelta.
—¿Lo ves? —dijo—. Ya te dije que te ibas a reír.

~Entremés~
Cazadores de Sombras. Renacimiento 2. El Señor de las Sombras
(Cassandra Clare)
—Muy bien, pequeños espías […]. ¿Dónde está Cristina? Ya he mirado en su cuarto.
Livvy apuntó hacia arriba. Kit frunció el ceño; siempre había pensado que no había nada en el tercer piso excepto el desván.
—Está bien —asintió Emma—. Gracias. —Agitó nerviosamente las manos en los costados—. Cuando atrape a Diego…
De abajo les llegó una fuerte exclamación. Los cuatro se inclinaron hacia adelante y vieron a la chica pálida pegarle a Diego una bofetada.
—Pero ¿qué…? —Emma pareció perpleja, y luego, de nuevo furiosa. Se dio la vuelta y fue hacia la escalera.
Ty sonrió; con sus rizos y sus ojos claros parecía un querubín pintado en la pared de una iglesia.
—Esa chica sí que estaba enojada —dijo, y parecía encantado de no haberse equivocado.
Kit se echó a reír.
 
~Postre~
El resplandor
(Stephen King)
—No vayas, Danny…
Una nueva racha de viento le hizo cerrar los ojos, y luego la sombra que había en la parada del autobús desapareció… si es que en realidad había estado allí. Se quedó junto a la ventana durante un rato, pero no vio nada. Finalmente volvió a meterse en la cama y se cubrió con las mantas. Se quedó mirando cómo las sombras que arrojaba sobre el cielo raso esa luz lejana se convertían en una jungla sinuosa llena de plantas carnívoras, que no querían otra cosa que enredarse en torno a él, estrujarlo hasta quitarle la vida y arrastrarlo hacia abajo, hacia una negrura donde destellaba, en rojo, una sola palabra, siniestra: REDRUM.

Con mis agradecimientos para Nea Poulain, por la idea para el ciclo de entradas "Tinta a la Carta".

sábado, 10 de junio de 2023

Tinta a la Carta CXVIII: Comida en cinco tiempos

~Aperitivo~
Wild Card, El comienzo
(Varios, edición de George R. R. Martin)
Todavía hay quienes dicen que el ejército tuvo la culpa de todo lo que ocurrió, pero no es cierto. Es fácil ser sabio a posteriori, pero yo estuve allí, y mantendré hasta el día en que me muera que los pasos que dimos fueron razonables y prudentes.
Lo que más me desazona es cuando dicen que no hicimos nada para seguir el rastro del maldito globo con las esporas wild card. Quizá cometimos un error, sí, pero no fuimos idiotas, nos estábamos cubriendo las espaldas. Todas y cada una de las instalaciones militares tenían la orden de estar al acecho de una nave espacial que se hubiera estrellado y que pareciera una concha con lucecitas. ¿Es mi maldita culpa que nadie se la tomara en serio?
Créame, al menos, en una cosa. Cuando se desató el infierno, hice que Tachyon volara a toda prisa de regreso a Nueva York en un par de horas. Yo estaba en el asiento detrás de él. Aquel mequetrefe pelirrojo se pasó llorando la mitad del trayecto por el país. Yo recé por Jetboy.
 
~Entrada~
Los Borodin VI. Furia y fortuna
(Christopher Nicole)
—Señor Dulles —explicó John—, yo no sé mucho sobre Iván Nej, excepto que algún día me agradaría observarlo a través de la mira de una Magnum. Gregory es su hijo, de modo que tal vez tenga algunos sentimientos; pero puedo asegurarle esto: a Anna le importa un comino lo que le suceda a Gregory Nej, y ella jamás hace lo obvio, ni siquiera lo normal. Mis instintos me dicen que ella se apoderó de Diana; además, sé que recibió mi nota. Si estas dos cosas son ciertas y ella no ha respondido y Diana no ha sido incluida en este trato, entonces Anna está siguiendo un plan propio —se encogió de hombros—. De cualquier manera, debemos ser pacientes, y cuando llegue el momento, ser tan inflexibles como ella, y quizá incluso tengamos a Diana de vuelta.
 
~Plato Fuerte~
El laberinto de los espíritus
(Carlos Ruiz Zafón)
—[…]. No va a contarme de qué va todo esto, ¿verdad?
—Todavía no lo sé, Virgilio.
—¿Le puedo pedir un favor?
—Por supuesto.
—Cuando esta historia que se lleva entre manos acabe, si es que acaba y sale usted de una pieza y todavía conserva este libro, tráigamelo. Me gustaría pasar unas horas a solas con él.
—¿Y por qué no iba a salir entera?
—Quién sabe. Si algo tienen los libros de El Laberinto de Mataix es que todo aquel que los toca acaba mal.
—¿Otra leyenda de las suyas?
—No. Esta es de las de verdad.

~Entremés~
Cazadores de Sombras. Renacimiento 1. Lady Midnight
(Cassandra Clare)
—Mírame, Jules. —le pidió, y sus ojos se encontraron.
Le puso la estela sobre la piel, y por un instante la mantuvo inmóvil allí, respirando, solo respirando y recordando.
Julian. Presente en su vida desde que podía recordar, juntos, salpicándose en el océano, cavando en la arena, él poniendo la mano sobre la de ella y maravillándose ante la diferencia de forma y longitud de los dedos. Julian cantando, horriblemente desafinado, mientras conducía, y quitándole del cabello, con sus largos dedos, una hoja enredada; sus manos sujetándola en la sala de entrenamiento cuando ella caía, y caía, y caía. Y después de la ceremonia de parabatai, cuando ella había pegado un puñetazo a la pared furiosa porque no le salía una maniobra con la espada y él se le había acercado, la había rodeado con los brazos, con ella aún temblando, y le había dicho: «Emma, Emma, no te hagas daño. Cuando te duele, yo también lo siento».
 
~Postre~
Memorias del Águila y del Jaguar. El bosque de los pigmeos.
(Isabel Allende)
—Tendré que llevar a mi nieto y su amiga Nadia, que está aquí conmigo —explicó ella.
—¡La revista no paga sus gastos, Kate! —replicó el editor desde una distancia sideral.
—¡Entonces no voy! —chilló ella de vuelta.
Y así fue como días más tarde llegó a África con los chicos y allí se reunió con los dos fotógrafos que siempre trabajaban con ella, el inglés Timothy Bruce y el latinoamericano Joel González. La escritora había prometido no volver a viajar con su nieto y con Nadia, que le habían hecho pasar bastante susto en dos viajes anteriores, pero pensó que un paseo turístico por África no presentaba peligro alguno.

Con mis agradecimientos para Nea Poulain, por la idea para el ciclo de entradas "Tinta a la Carta".

sábado, 15 de abril de 2023

Tinta a la Carta CXIII: Comida en cinco tiempos

~Aperitivo~
Los dominios del ónix negro. La unión
(Adriana González Márquez)
—¡Nadie te pidió que te conectaras conmigo!
—¡Lórimer lo hizo, por si ya se te olvidó!
—¡Bien, bien! ¡Como sea! ¡Gracias por salvar mi espíritu y todo eso! —exclamó, sacudiendo las manos como si tratara de restarle importancia a sus palabras, pero yo supe que ese agradecimiento le había costado gran parte de su ego, así que iba a tomarlo como algo bueno—. Pero eso no aclara nada. ¿Por qué ahora? ¿Por qué después de mi conexión? ¡Por todo lo que es sagrado! […] ¿Y si no logramos controlarlo? ¿Y si tengo que estar escuchándolos por el resto de mi vida? ¿Matheo con sus estúpidos comentarios sarcásticos? ¿Erick y sus obscenas y empalagosas confesiones románticas? ¡Iiiiiuuuu! —gritó como típica niña mimada—. ¿Y si nos escuchamos cuando estemos con… cuando estemos haciendo…?
—¡Ya captamos el concepto! —la interrumpió Matheo, alzando una mano, y fue entonces que me di cuenta de que los cuatro habíamos palidecido.
—Tenemos que aprender a controlar estos estúpidos nuevos poderes —repetí, sintiendo que me faltaba el aire.
 
~Entrada~
Los Borodin V. Ira y deseo
(Christopher Nicole)
A pesar del aire frío, Gregory se había olvidado de ponerse los guantes y tuvo que esperar a que la muchacha, con movimientos lentos, se quitara el suyo para estrecharle la mano. Pero le agradó la espera, pues tuvo la oportunidad de examinarla. Jamás había visto a una mujer tan elegante y, mucho menos, había esperado que se la presentaran. Por cierto, tanto su tía Ilona como su propia madre siempre habían destacado como las mujeres mejor vestidas de Rusia, pero él las veía viejas a ambas y, además, él nunca había salido de su patria y, por lo tanto, no podía hacer comparaciones con las mujeres que pudiera ver en el extranjero. En Londres, la gente estaba desalentada y modestamente vestida, tal como la había visto en Leningrado. Pero en aquella joven se manifestaba el lujo y la tradicional belleza de los Borodin, así como una desbordante femineidad, resaltada por cierta seriedad madura […].
Para Gregory, esa mujer constituía el ejemplar perfecto de la degeneración burguesa estadounidense. […]
 
~Plato Fuerte~
El prisionero del cielo
(Carlos Ruiz Zafón)
—Usted no ha hecho nada, Martín.
—No me conoce usted, Fermín. Ni falta que le hace. En lo que usted tiene que concentrarse es en escapar de aquí.
—Esa es la otra cosa que quería preguntarle. Tengo entendido que tiene usted un método experimental en desarrollo para salir de este orinal. Si le hace falta un conejillo de Indias magro de carnes pero rebosante de entusiasmo, considéreme a su servicio.
Martín lo observó pensativo.
—¿Ha leído usted a Dumas?
—De cabo a rabo.
—Ya tiene usted pinta. Si es así, ya sabrá por dónde van los tiros. Escúcheme bien.

~Entremés~
Cazadores de Sombras. Las Crónicas de Magnus Bane
(Cassandra Clare & Sarah Rees Brennan & Maureen Johnson)
Magnus era el Gran Brujo de Brooklyn, y llevaba siglos siendo poderoso más allá de los sueños, no solo de los mundanos, sino también de la mayoría de los subterráneos. Magnus no necesitaba ninguna protección y nadie había pensado nunca en ofrecérsela, y jamás, desde luego, un cazador de sombras. Lo mejor que se podía esperar de los cazadores de sombras, si se era un subterráneo, era que te dejaran en paz. Que él pudiera recordar, nadie había intentado protegerlo desde que, de niño, había tenido que buscar la fría piedad de los Hermanos Silenciosos. Eso había sido hacía mucho tiempo y en un país lejano. Y Magnus nunca había querido volver a ser tan débil. Sin embargo, ver a Alec saltar a defenderlo le hizo sentir una punzada en el centro del pecho, dulce y dolorosa a la vez.
 
~Postre~
Memorias del Águila y del Jaguar. El reino del dragón de oro.
(Isabel Allende)
El joven no conocía la verdadera razón del viaje, que era más importante que las plantas curativas o su iniciación como lama superior. Su maestro no podía revelársela, tal como no podía hablarle de muchas otras cosas. Su papel era guiar al príncipe en cada etapa de su largo aprendizaje, debía fortalecer su cuerpo y su carácter, cultivar su mente y poner a prueba una y otra vez la calidad de su espíritu. Dil Bahadur descubriría la razón del viaje al Valle de los Yetis más adelante, cuando se encontrara ante la prodigiosa estatua del Dragón de Oro.

Con mis agradecimientos a Nea Poulain, por la idea para el ciclo de entradas "Tinta a la Carta".

sábado, 16 de julio de 2022

Tinta a la Carta CVIII: Comida en cinco tiempos

~Aperitivo~ 
Los dominios del ónix negro. La conexión 
(Adriana González Márquez) 
—Una marca suple a otra marca
¡Maldición! ¿Qué se me estaba escapando? ¿Qué era lo que tenía que hacer?
—Una marca suple a otra marca…
—¿Nessa? —murmuró Erick deteniéndose frente a mí, por lo que lo primero que entró en mi campo de visión fue su tatuaje del símbolo del Infinito y las marcas que habían provenido de mí después de la Elevación.
—Una marca suple… —jadeé comprendiendo.
—¿Nessa?
—Ya sé lo que Matheo necesita.
—¿Qué? —preguntó Erick con rostro desesperado.
Tragué saliva con fuerza. Esto no iba a gustarle a nadie:
—Una conexión.
 
~Entrada~
Los Borodin IV. Esperanza y gloria
(Christopher Nicole)
[…] Él estaba de pie frente a la ventana, observando el corte diagonal de la luz de la luna sobre el patio, escuchando el murmullo de la brisa del amanecer que ya empezaba a soplar y el zumbido ronco y distante de los aviones que crecía y crecía a cada instante.
¿Aviones? ¿A las cuatro de la mañana? Y era un gran número de aviones. Intentó mirar por la ventana, pero no vio nada, aunque sí pudo oír una serie de golpes; golpes intermitentes que también se acercaban y crecían en intensidad, como el zumbido de los aviones.
John Hayman se quedó absolutamente quieto, incapaz de dar crédito a lo que estaba escuchando, a lo que el ruido le anunciaba: una gran flotilla de aviones volaba sobre Rusia y dejaba caer bombas.
Se oyó el alarido de una mujer.

~Plato Fuerte~
El juego del ángel
(Carlos Ruiz Zafón)
—Martín, quiero que cree una religión para mí.
Al principio pensé que no le había oído bien.
—¿Cómo dice?
Corelli me sostuvo aquella mirada con sus ojos sin fondo.
—He dicho que quiero que cree una religión para mí.
Le contemplé por un largo instante, mudo.
—Me está tomando el pelo.
Corelli negó, saboreando su vino con deleite.
—Quiero que reúna todo su talento y que se dedique en cuerpo y alma durante un año a trabajar en la historia más grande que haya usted creado: una religión.
No pude más que echarme a reír.

~Entremés~
Cazadores de Sombras y Subterráneos. La guía esencial
(Varios, edición de Cassandra Clare)
Que su amistad sobreviva a la inestabilidad de Jace con respecto a lo que esta revelación significa para Alec —y a sus cuestionamientos crudos y obtusos sobre por qué este le da tanta importancia— es prueba de su fortaleza. A diferencia de Clary, Jace todavía ignora los sentimientos de Alec hacia él, o bien no se siente cómodo hablando de ellos. Jace simplemente conoce un hecho esencial acerca de su amigo, lo que, por supuesto, no cambia lo que siente por él. Dolorosa o no, la revelación no solicitada por Alec es la primera muestra que tiene de que tal vez no perdería todo si fuera honesto consigo mismo y con los demás. Tal vez no perdería a Jace. Tal vez conservaría a Magnus. Para cuando Alec y Jace hablan abiertamente sobre los sentimientos de aquél en Ciudad de Cristal, intenta alejar con brusquedad a Alec, al más puro estilo Jace. Le dice que la razón de su enamoramiento es que lo ve como algo seguro, como una pareja poco viable. Pero nosotros sabemos que esto no alejará a Alec, por lo menos no de la manera en que realmente importa. Sí, Alec tarda en revelar sus sentimientos por Magnus, pero la relación real que tiene con Jace, no la prospectiva, es su primera prueba de que quienes lo aman lo aceptarán tal como es. Su amistad con Jace tiene un poder transformador: lo ayuda a admitir a quién ama.
 
~Postre~
Memorias del Águila y del Jaguar. La ciudad de las bestias.
(Isabel Allende)
—Vas a conocer la selva más misteriosa del mundo, Alexander. Allí hay lugares donde los espíritus se aparecen a plena luz del día.
—Claro, como el «abominable hombre de la selva» que andamos buscando —sonrió su nieto, sarcástico.
—Lo llaman la Bestia. Tal vez no sea solo un ejemplar, sino varios, una familia o una tribu de bestias.
—Eres muy crédula para la edad que tienes, Kate —comentó el muchacho, sin poder evitar el tono sarcástico al ver que su abuela creía esas historias.
—Con la edad se adquiere cierta humildad, Alexander. Mientras más años cumplo, más ignorante me siento. Solo los jóvenes tienen explicación para todo. A tu edad se puede ser arrogante y no importa mucho hacer el ridículo —replicó ella secamente.

Con mis agradecimientos a Nea Poulain, por la inspiración para el ciclo de entradas "Tinta a la Carta".

sábado, 16 de marzo de 2019

Tinta a la Carta CIII: Comida en cinco tiempos

~Aperitivo~ 
Los dominios del ónix negro. La elevación 
(Adriana González Márquez) 
—¿Todo es real? 
—Así es —me dedicó esa mortal sonrisa de lado—. Incluso yo. 
—Eso es ridículo —dije después de tragar saliva, tratando de negar aquello que hasta mi propia piel me decía: que él tenía razón, que nada de esto era producto de mi imaginación, que nunca lo había sido. 
—Sabes que no miento, Nessa. Lo sabes y lo sientes. 
Me di media vuelta, deseando escapar de la conmoción que me provocaba su intensa mirada, su voz ronca, su presencia. 
—Es ridículo —insistí, aferrándome a mis vanas ideas de lo que era real y lo que era ficticio. 
—Tal vez te parezca ilógico, pero eso no impide que sea verdad […]. 

~Entrada~ 
Los Borodin III. Destino y sueños 
(Christopher Nicole) 
—¡No quiero ninguna fiesta! —vociferó Johnnie—. No si viene de ustedes. 
—¡Ya basta! —le gritó George—. Puedes gritar y disparatar cuanto quieras, pero no toleraré que le hables así a tu madre. Lo mejor sería que te largaras de aquí y te fueras a tomar aire, a ver si se te pasa el enojo. Esta noche hablaremos de tu fiesta. 
—¡Claro que me largaré de aquí! —replicó Johnnie—. Y me largaré para siempre. Si mi tío Peter se va a Europa, yo lo seguiré tan pronto como tenga mi graduación. Prefiero trabajar con él contra el comunismo, que en un periódico cualquiera. 
—Vamos, Johnnie —se molestó Ilona. 
—Me iré —amenazó Johnnie—. Y ninguno de los dos podrá impedírmelo. Ya para entonces, tendré veintiún años. 

~Plato Fuerte~ 
La sombra del viento 
(Carlos Ruiz Zafón) 
—¿Es usted un coleccionista? 
—Algo parecido. 
—¿Tiene usted más libros de Carax? 
—Los he tenido en algún momento. Julián Carax es mi especialidad, Daniel. Recorro el mundo buscando sus libros. 
—¿Y qué hace con ellos si no los lee? 
El extraño emitió un sonido sordo, agónico. Tardé unos segundos en comprender que se estaba riendo. 
—Lo único que debe hacerse con ellos, Daniel. 
Extrajo entonces una cajetilla de fósforos del bolsillo. Tomó uno y lo prendió. La llama iluminó por primera vez su semblante. Se me heló el alma. Aquel personaje no tenía nariz, ni labios, ni párpados. Su rostro era apenas una máscara de piel negra y cicatrizada, devorada por el fuego. Aquélla era la tez muerta que había rozado Clara. 
—Quemarlos —susurró, la voz y la mirada envenenadas de odio. 

~Entremés~ 
Cazadores de Sombras 6. Ciudad de Fuego Celestial 
(Cassandra Clare) 
—No me voy a quedar aquí parado mientras Magnus corre peligro —declaró Alec, con una voz sorprendentemente fría y adulta—. Ve sin mí y violarás todos nuestros juramentos de parabatai, me ofenderás como cazador de sombras y no respetarás el hecho de que ésta también es mi guerra. 
Jace lo miró asombrado. 
Alec, nunca violaría nuestros juramentos. Eres uno de los mejores cazadores de sombras que conozco… 
—Y por eso iremos contigo —lo interrumpió Isabelle—. Nos necesitas a Alec y a mí para cubrirte la espalda, como siempre hemos hecho. Necesitas el poder de Clary con las runas y la fuerza de vampiro de Simon. Esta guerra no es solo tuya. Si nos respetas como cazadores de sombras y como amigos, entonces iremos contigo. Es así de sencillo. 
—Lo sé —repuso Jace en voz baja—. Sé que los necesito. […] 

~Postre~ 
Ojos de fuego 
(Stephen King) 
—¿Qué pasó, pequeña? 
—Conseguí el dinero pero… se me escapó otra vez, papá…, había un hombre…, un soldado…, no pude evitarlo… 
Andy sintió que lo invadía el miedo. Lo mitigaba el dolor de su cabeza y su cuello, pero estaba allí. 
—¿Hubo…, hubo un incendio, Charlie? 
Ella no podía hablar, pero hizo un ademán afirmativo con la cabeza. Las lágrimas le corrían por las mejillas. 
—Dios mío —murmuró Andy, y se levantó con un esfuerzo. 
Esto terminó de desquiciar a Charlie. Se cubrió el rostro con las manos y lloró desesperadamente, meciéndose sobre sus pies. 

Con mis agradecimientos para Nea Poulain, por la idea para el ciclo de entradas "Tinta a la Carta".