jueves, 13 de abril de 2023

Describiendo a... (e-CXIII)

Título: Yo, Simon, Homo Sapiens (en el idioma original, Simon vs. The Homo Sapiens Agenda).

Autor: Becky Albertalli.

Sinopsis: [...] Simon ha hecho lo impensable: ceder al chantaje de Martin. O Simon se las ingenia para que su amiga Abby salga con Martin o este… le hablará a todo el mundo de los correos electrónicos. De los correos electrónicos que Simon, escondido tras un seudónimo, intercambia con un tal Bluegreen, que es el chico más divertido, desconcertante y adorable que Simon ha conocido nunca. Y es que Simon, pese a su afición al teatro, prefiere no exponer a los focos su identidad sexual… al menos de momento. Sin embargo, seguirle la corriente a Martin no será la solución a sus problemas, sino más bien el comienzo de un enorme embrollo. [...] (Extracto de la introducción).

sábado, 8 de abril de 2023

Tinta a la Carta CXII: Almuerzo en cuatro tiempos

~Aperitivo~
Alas sobre Delft
(Aubrey Flegg)
La embargó el nerviosismo; era difícil de explicar. Sabía lo que todos esperaban —era parte de la conspiración—: el retrato de una heredera en la víspera de su matrimonio. Era algo que no podía tolerar, pero ¿cómo decirlo sin ofender?
—Por supuesto, maestro, pero ¿cómo expresarlo?… No quiero ser retratada como una gran dama, con el aspecto de tener un limón en la boca. —Las cejas del maestro volvieron a arquearse, por lo que decidió darse prisa—. ¿Recuerda su retrato del vagabundo en la puerta Begijnhof? Adoro a aquel anciano, está vivo. Yo también quiero vivir en mi retrato. Pínteme tocando el laúd o mirando por el telescopio que padre y yo estamos construyendo. Nadie quiere mirar a Louise Eeden sentada rígida como un loro disecado. Déjeme ser, simplemente, «la chica del vestido verde».
  
~Entrada~
Contra el viento del norte
(Daniel Glattauer)

Dos horas después

Fw:

Querida señora Rothner:

¿Lo hace usted adrede? ¿O se ha abonado a los días malos?

Reciba un cordial saludo,

Leo Leike

 

15 minutos después

Re:

Querido señor Leike:

Ahora sí que me sabe fatal. Por desgracia, tengo un defecto crónico «ei», mejor dicho, «e» delante de «i». Cuando escribo deprisa y viene una «i», se me escurre siempre una «e». Lo que sucede es que las yemas de mis dos dedos corazón se hacen la guerra en el teclado. La izquierda siempre quiere ser más rápida que la derecha, pues soy zurda de nacimiento y en el colegio me invirtieron la polaridad. Hasta hoy, la mano izquierda no me lo ha perdonado. Siempre mete una «e» con la yema del dedo corazón antes de que la derecha pueda poner una «i». Disculpe la molestia, (probablemente) no volverá a ocurrir.

Que tenga una buena tarde,

E. Rothner

 

~Plato Fuerte~

El disco del tiempo

(María García Esperón)

Nuria frunció el ceño. Mejor eliminar los mensajes. ¿Qué sabía ella del Disco de Festos? Lo mismo que sabía de la piedra del Sol o de la pirámide de Keops. Nada, menos que nada. Hasta hacía unos minutos, ni siquiera sabía que existía. No era una estudiante de arqueología, sino de informática. ¿Y por qué iba a interrumpir sus estudios, de buenas a primeras, para meterse en tres aviones y aparecer en la isla de Creta?
—No confíes en desconocidos —le había dicho su padre hasta la saciedad—, las cárceles están llenas de inocentes que cayeron ahí por haber confiado.
Estuvo a punto de borrar los mensajes. De tratar de olvidarlos. Pero algo más fuerte que su precaución le hizo buscar el número de la línea aérea para confirmar que estuviera su reservación. Sí estaba; a nombre de Nuria Fuentes. Mexicana. Estudiante de Informática. Veinte años.
 
~Postre~
Bestias de la noche
(Tochi Onyebuchi)
Sacudo mis manos y me vuelvo para enfrentar a la bestia del pecado muerta. Lentamente, se convierte en bruma y se disuelve poco a poco, miembro por miembro, hasta formar un estanque negro de alquitrán en el suelo de mármol. La sustancia de tinta oscura comienza a arremolinarse, más y más rápido, hasta que se precipita hacia mí.
Odio esta parte.
Me pongo en cuclillas y abro la boca mientras los restos de la inisisa nadan a través de mi garganta. Quema. Tengo que cerrar los ojos. Cada vez. Y cada vez parece que durará para siempre. La tristeza que rasga mi piel. La culpa que se apodera de mi mente. El frío que perfora los huesos y congela mi médula. Y quiero gritar, pero mi garganta está llena de pecado, y el momento se estira como un trozo de goma que se jala y tira hasta que finalmente revienta.
Y estoy de vuelta.

Con mis agradecimientos a Nea Poulain, por la idea para el ciclo de entradas "Tinta a la Carta".

jueves, 6 de abril de 2023

Describiendo a... (e-CXII)

Título: Jules (en el idioma original, igual).

Autor: Didier van Cauwealert.

Sinopsis: Zibal es un genio un tanto particular. [...] sus descubrimientos científicos podrían haberle reportado una existencia desahogada; sin embargo, una serie de hechos desafortunados le han obligado a ganarse la vida vendiendo macarons en el parisino aeropuerto de Orly. Un día aparece por su puesto Alice, una joven y encantadora invidente, acompañada por su perro guía, Jules [...]. Alice va a tomar un avión para someterse a una operación que le permita recuperar la vista. La intervención resulta un éxito, pero para [...] Jules será el comienzo de una tragedia ya que lo asignan a otro invidente que lo maltrata.  Jules huye y busca refugio en Zibal con el objetivo de que le ayude a encontrar a Alice. [...] (Extracto de la introducción).

sábado, 1 de abril de 2023

Tinta a la Carta CXI: Desayuno en tres tiempos

~Entrada~
La caja de Navidad
(Richard Paul Evans)
Mis amigos románticos, aquellos en particular que creen en Santa Claus, especulan con el hecho de que la ornamentada caja marrón de Navidad fue decorada por el propio San Nicolás en persona a partir del tronco del verdadero primer árbol de Navidad, venido desde las frías nieves de diciembre hace tanto tiempo. Otros creen que fue hábilmente grabada y pulida con la dura y reseca madera en cuya áspera superficie el Señor de la Navidad demostró por última vez su amor a la humanidad. Mi mujer, Keri, sostiene que la magia de la caja no tiene nada que ver con ningún elemento físico, sino con el contenido que se halla escondido entre sus bisagras de latón en forma de hojas de acebo y sus hebillas de plata. Cualquiera que sea la verdad acerca del origen de la magia de la caja, es su vaciedad lo que yo atesoro primordialmente, así como el recuerdo de la Navidad en la que la caja llegó hasta mí.
 
~Plato Fuerte~
El cascanueces y el rey de los ratones
(E. T. A. Hoffmann)
—Hija mía: tú dominas más que ninguno de nosotros, tú has nacido princesa, como Pirlipat, y reinas en un lugar hermoso y brillante. Pero tienes que sufrir mucho si quieres proteger al pobre y desfigurado Cascanueces, pues el rey de los ratones lo ha de perseguir de todos modos y por todas partes. Y no soy yo quien puede ayudarle, sino tú; tú sola puedes salvarle; sé fuerte y fiel.
Ni Marie ni ninguno de los demás supo lo que quería decir Drosselmeier con aquellas palabras. Al consejero de Sanidad le molestaron tanto que, tomando el pulso al magistrado, le dijo:
—Querido amigo, usted padece de congestión cerebral; voy a recetarle algo.
La madre de Marie movió la cabeza, pensativa, y dijo:
—Yo me imagino lo que el magistrado quiere decir, pero no lo puedo expresar con palabras comunes.
 
~Postre~
Las brujas
(Roald Dahl)
—Nadie la vio moverse. Tanto si estaba fuera, dando de comer a los patos, como si estaba dentro, mirando por la ventana, siempre estaba inmóvil, era solo una figura pintada al óleo. Era todo muy raro —dijo mi abuela—. Rarísimo. Y lo más raro de todo era que, a medida que pasaban los años, ella se iba haciendo mayor en el cuadro. Al cabo de diez años, la niña se había convertido en una chica joven. Al cabo de treinta años, era una mujer madura. Luego, de repente, cincuenta y cuatro años después de lo sucedido, desapareció del cuadro para siempre.
—¿Quieres decir que se murió? —dije.
—¿Quién sabe? —dijo mi abuela—. En el mundo de las brujas pasan cosas muy misteriosas. 

Con mis agradecimientos a Nea Poulain, por la idea para el ciclo de entradas "Tinta a la Carta".