miércoles, 27 de septiembre de 2023

Describiendo a... (CCLXXXVI)

Título: Matar un reino (en el idioma original, To Kill a Kingdom).

Autor: Alexandra Christo.

Sinopsis: Con una colección de diecisiete corazones de príncipes en su haber, Lira es una sirena venerada en todos los confines del reino submarino. Pero un desliz provoca que su madre, la Reina del Mar, la transforme en lo que más aborrece: un ser humano. Privada de su canto, Lira dispondrá hasta solsticio de invierno para entregar el corazón del príncipe Elian a la Reina del Mar o permanecer como humano para siempre. [...], para el príncipe Elian el océano es su verdadero hogar; y dar caza a las sirenas, su misión en la vida. Cuando rescata a una mujer a punto de morir ahogada, sabe que es más de lo que aparenta, pero ella promete ayudarlo a encontrar la clave para exterminar a las sirenas para siempre. [...] (Extracto de la contraportada de mi ejemplar).

sábado, 23 de septiembre de 2023

Tinta a la Carta CXXIX: Merienda en cuatro tiempos

~Aperitivo~
De la amistad
(Michel de Montaigne)
[…] Esa amistad de la que yo hablo es indivisible. Cada uno se da por completo a su amigo hasta tal extremo que no le queda nada que repartir a los demás: le entristece la idea de no ser doble, triple o cuádruple; de no poseer varias almas y varias voluntades para dedicarlas a esa tarea. Las amistades comunes pueden dividirse; puede apreciarse la belleza de uno, el trato agradable en otro, la liberalidad de un tercero, la paternidad en un cuarto, la fraternidad en un quinto y así sucesivamente; mas es imposible que sea doble la amistad que es dueña del alma y la gobierna como soberana absoluta. […]
 
~Entrada~
La musa de las pesadillas
(Laini Taylor)
Tengo poder, pensó, maravillado.
Una vez que los arcos quedaron restaurados, vio al ejército fantasma que esperaba adentro, y le preocupó que Minya reanudara su ataque. Pero no lo hizo. Simplemente se fue.
Aunque Lazlo, en sus corazones, había declarado la guerra a la niña oscura, no era guerrero, y sus corazones no tenían talento para el odio. Mientras la miraba alejarse, tan pequeña y tan sola, un momento de claridad lo sacudió. Quizá Minya fuera salvaje, irredimible, rota sin remedio. Pero si querían salvar a Sarai y a Weep… tenían que salvarla a ella primero.
 
~Plato Fuerte~
Balthazar
(Lawrence Durrell)
El mar tenía una tibieza tentadora después de un día soleado de primavera, y cuando Balthazar subió al bote, se me ocurrió acompañarlo a nado hasta el barco que estaba a menos de doscientos metros de la orila. Así lo hice y me mantuve a flote para verlo trepar la escala. Después izaron el bote.
—Cuidado, que no lo atrape la hélice —me gritó—. Váyase antes de echen a andar las máquinas…
—Sí…
—Espere… antes de irse…
Se metió en un camarote, volvió a salir enseguida y arrojó algo al agua. Sentí a mi lado una leve salpicadura.
—Una rosa de Alejandría —dijo—, de la ciudad que puede ofrecer todo a sus amantes salvo la felicidad —lanzó una risita ahogada—. Désela a la niña.
—¡Adiós, Balthazar!
—¡Escríbame… si se atreve!
 
~Postre~
La milla verde
(Stephen King)
—Las celdas están bastante iluminadas durante toda la noche —dije—. La mitad de las luces de la Milla Verde están encendidas desde las nueve hasta las cinco de la mañana. —Entonces pensé que no tendría la más remota idea de qué estaba hablando; no podía diferenciar la Milla Verde del lodo de Mississippi, de modo que añadí—: Me refiero a las luces del pasillo.
Hizo un gesto de alivio. No estaba seguro de que supiera lo que era un pasillo, pero podía ver las bombillas de doscientos vatios en sus portalámparas de acero.
Aquel día hice algo que no había hecho nunca con un prisionero: le tendí la mano. Ni siquiera hoy sé por qué lo hice. Quizá fuese por la pregunta de las luces. Les aseguro que Harry Terwillinger se quedó de piedra. Coffey me estrechó la mano con sorprendente suavidad; mi mano se perdió en la de él y eso fue todo. Tenía otra polilla en mi frasco asesino y nada más.

Con mis agradecimientos para Nea Poulain, por la idea para el ciclo de entradas "Tinta a la Carta".

miércoles, 20 de septiembre de 2023

Describiendo a... (CCLXXXV)

Título: La princesita (en el idioma original, A Little Princess).

Autor: Frances Hodgson Burnett.

Sinopsis: Sara Crewe es casi una princesa que vive feliz con su padre en la India colonial de finales del siglo XIX. Él es un joven capitán inglés, viudo y muy rico, [...] Pero llega el momento en que Sara debe ingresar en un selecto colegio de Inglaterra, dirigido por la severa señorita Minchin. [...]. Pero de pronto, llega una terrible noticia: el capitán Crewe ha muerto completamente arruinado... De la noche a la mañana la princesita se ha convertido en una pobre niña abandonada y huérfana. [...] (Extracto de la contraportada de mi ejemplar).

sábado, 16 de septiembre de 2023

Tinta a la Carta CXXVIII: Comida en cinco tiempos

~Aperitivo~
Wild Cards, Jokers salvajes
(Varios, edición de George R. R. Martin)
El 15 de septiembre se convirtió en el día Wild Card. Un momento para las celebraciones y los lamentos, para la pena y la alegría, para recordar a los muertos y apreciar la vida. Un día de fuegos artificiales y banquetes conmemorativos, un día para beber y hacer el amor y pelearse en los callejones. Cada año, las festividades resultaban mayores y más acaloradas. Las tabernas, los restaurantes y los hospitales batían récords, los medios empezaron a darse cuenta y finalmente, por supuesto, llegaron los turistas.
Una vez al año, sin autorización ni estatuto, el Día Wild Card se apoderaba de Jokertown y Nueva York, y el carnaval del caos reinaba en las calles.
El 15 de septiembre de 1986 era el cuadragésimo aniversario.
 
~Entrada~
El abuelo que saltó por la ventana y se largó
(Jonas Jonasson)
El anciano no solía exasperarse con la gente, hubiera o no motivo para ello, y en esta ocasión tampoco lo incomodó la grosería del joven. No obstante, huelga mencionar que tampoco le inspiró una simpatía especial, lo cual tuvo suma relevancia en lo que sucedería a continuación.
Que fue que el coche de línea 202 paró delante de la entrada escasos segundos después de que el melenas se encerrara en el aseo. Allan miró el autobús y luego la maleta, después de nuevo el autobús y otra vez la maleta.
Tiene ruedas, se dijo. Y un asa para llevarla.
Y entonces se sorprendió tomando lo que se podría calificar como la decisión que le cambiaría la vida.
 
~Plato Fuerte~
American Gods
(Neil Gaiman)
Oyó un educado carraspeo que provenía del urinario situado a su derecha, aunque no había oído entrar a nadie.
El hombre del traje claro era más grande de pie de lo que le había parecido cuando lo vio sentado en el avión. Era casi tan alto como Sombra, y eso que él lo era mucho. Miraba fijamente al frente. Terminó de mear, se sacudió las últimas gotas y se subió la cremallera.
El hombre le sonrió, como un zorro comiendo carroña de una valla de alambre de espinas.
—¿Y bien? —dijo el señor Wednesday—. Ya has tenido tiempo para pensar, Sombra. ¿Quieres el trabajo?

~Entremés~
Historias de la Academia de Cazadores de Sombras
(Cassandra Clare & Sarah Rees Brennan & Robin Wasserman & Maureen Johnson)
—[…] Ahora voy a explicarte toda la medicina moderna.
—Por favor no hagas eso, Marisol —dijo Jon—. No me siento bien después de que explicaste la apendectomía. Ni siquiera pude comer.
Marisol hizo una mueca a su plato.
—Si lo que dices es cierto, te hice un gran favor.
—Me gusta comer —dijo Jon.
—Claro —dijo Marisol—. Así que no te explico medicina moderna, y de repente me ocurre una emergencia médica. Podría ser resuelto con una pequeña aplicación de primeros auxilios, pero no sabes eso, y entonces muero. Muero a tus pies, ¿es eso lo que quieres, Jon?
—No —replicó Jon—. ¿Qué son los primeros auxilios? Hay… ¿Segundos auxilios?
—No puedo creer que me dejaras morir cuando eso pudo haber sido evitada tan fácilmente, si tan solo hubieras escuchado —soltó Marisol sin piedad.
—Está bien, ¡está bien! Escucho.
—Genial, consígueme algo de jugo, porque estaré hablando por un rato. Aún estoy dolida de que hayas considerado dejarme morir.
 
~Postre~
Doctor Sueño
(Stephen King)
—Todo va bien —le tranquilizó Dan—. Solo necesita dormir. El sueño le hará bien.
—¿Es así como lo llamas?
—Sí. Lo llamo «sueño». No hay peligro en el sueño.
—No te vayas.
—No me voy. Estoy con usted.
Sí. Ese era su terrible privilegio.
Charlie volvió a cerrar los ojos. Dan hizo lo propio y vio un destello azul que latía en la oscuridad. Una vez… dos veces… pausa. Una vez… dos veces… pausa. Fuera, el viento soplaba.
—Duerma, Charlie. Lo está haciendo bien, pero está cansado y necesita dormir.
—Veo a mi mujer. —El más débil de los susurros.
—¿Sí?
—Dice…
No hubo más, tan solo una última pulsación azul tras los párpados de Dan y una última exhalación del hombre en la cama. Dan abrió los ojos, escuchó el viento y esperó el final. Llegó pocos segundos después: una neblina de un apagado color rojo que surgió de la nariz, la boca y los ojos de Charlie. Era lo que una vieja enfermera en Tampa […] llamaba «la boqueada». Afirmaba haberla visto muchas veces.
Dan la veía todas las veces.
 
Con mis agradecimientos para Nea Poulain, por la idea para el ciclo de entradas "Tinta a la Carta".