Título: Rojo y oro.
Autor: Iria G. Parente y Selene M. Pascual.
Sinopsis: Orión está cansado de ser el esclavo de Hera desde que su madre, la diosa del Caos, fue condenada por su ambición. Hera le ha tratado siempre más como un criado que como el dios que es. Y quiere que eso acabe. Asteria está cansada de luchar. Desde que el pueblo de las amazonas fue arrasado hace años, ella y sus hermanas viven esclavizadas y obligadas a servir al Emperador de Élada como gladiadoras. Y quiere que eso acabe. [...] Ambos buscan libertad, y harán lo que sea necesario para conseguirla.
Formato: epub.
¿Qué les puedo decir? El tomar un mito, o un personaje mítico, para redefinirlo o adaptarlo, siempre es un riesgo. O bueno, eso creo, porque muchos que sepan algo básico de alguna mitología, y además sea medio puritano (en plan incluso sangrón), dirá que no le gusta X historia porque "el mito así no va". Eso lo digo porque, si bien algunas mitologías me han interesado, no soy negada a una reinterpretación, a alguna novela que se anime a dar otra perspectiva de lo que fue y/o lo que pudo ser, incluyendo o no lo que, en tiempos modernos, podría considerarse un tipo de fantasía. Por eso y porque la mancuerna Parente/Pascual me interesó desde que supe que existía, es que me conseguí esto (porque sí, al momento de querer leerlo, los libros de estas mujeres eran casi imposibles de conseguir en físico en este país).
Por un lado, te lanzan una advertencia de que los dioses son criaturas con su propia moral, con un poder que los mortales no pueden comprender y que su concepto de bien y mal no siempre se ajusta a lo que los humanos conocen. Todo eso para dar a entender que, lo que hacen y deshacen entre ellos podrá parecer similar a lo que viven los mortales, pero tiene matices y consecuencias completamente diferentes. Eso lo ejemplifica Orión, un dios de nacimiento, alguien que podría tener algún privilegio simplemente por existir, pero sucede justo lo contrario: debido en parte a su origen (en este caso, a su madre), es castigado y entregado a la reina de los dioses como prácticamente esclavo. Los dioses podrán no sufrir físicamente como los mortales, pero saben sentir (en cierto modo) y en el caso de Orión, apenas conoce otra vida que no sea servir, pero de pronto, se le presenta una oportunidad de libertad... solo que debe ir al mundo de los mortales, y de alguna manera, su oportunidad dependerá de una mortal que, irónicamente, está igual o más esclavizada que él, ¿podrán ayudarse el uno al otro, o todo será una enorme y desafortunada pérdida de tiempo?
Los dioses, sin importar la mitología, parecen ser siempre unos egocéntricos. Bueno, la gran mayoría, porque se saben poderosos, queridos y con infinitas posibilidades. Solo que, según lo que puede mirarse en Rojo y Oro, no todo es miel sobre hojuelas en esta versión de los dioses griegos, donde no importa a qué estés dedicado según los mortales, eso no te salva de problemas, de paradojas de las cuales otros se burlan o te tienen lástima, e incluso hay uno que otro tan cobarde como para hacerse el invisible porque no quiere enfrentar las consecuencias de sus desatinos (ya se imaginarán de quién hablo). Orión, debido a la existencia que ha llevado, a duras penas sabe qué esperar, o siquiera de qué se supone que es dios, pero es irrelevante hasta su mencionada oportunidad de deshacerse de su esclavitud. No cree que los mortales tengan mucho qué ofrecerle para su propósito, y no es precisamente con malicia que piensa así, porque... bueno, recuerden, ha sido esclavo, no es como si tuviera tiempo o permiso de enterarse de cómo son los mortales realmente. Conoce cosas, pero no las ha vivido, lo cual hace una gran diferencia.
Por su parte, la mortal que se cruza con Orión por azares del destino (esperamos): Asteria. Forma parte de las amazonas, que seguramente muchos han oído nombrar. En algún momento previo a la trama principal, ese pueblo es sometido y usado como una de esas macabras diversiones que parecían tener los antiguos, y Asteria lo único que puede hacer es sobrevivir, una y otra vez, esperando que haya un día en que se le conceda algo parecido a libertad en aquel sitio. No confía en muchas cosas, en casi nada o nadie, y por supuesto, los dioses están en lo más bajo de su lista de preocupaciones. Es más, casi parece que ya no cree en ellos, porque ¿les rogó alguna vez por su pueblo y ninguno pareció escuchar? Pues eso, una crisis de fe de las buenas. Es por eso que te preguntas qué podría ofrecerle Orión para que haya algún tipo de cooperación entre ambo, si es que se necesita, porque Asteria ya no espera nada de los dioses y Orión, siendo dios, extrañamente parece entender por qué y no le sorprende nada.
Tengo que admitir que tardé un poco con este libro porque, ¿quién lo diría?, en digital se alarga porque en físico ES largo. No, no bromeo, lo supe después, cortesía de internet. Normalmente no me importa, solo que... es una historia genial a la que hay que prestar bastante atención en ciertos puntos, para que no te pierdas nada o para que, cuando parezca que las piezas encajan, no te pierdas. Hay momentos en los cuales te preguntas si no está tardando demasiado en llegar al punto, y quizá sí, pero eso no le quita sus matices de tragedia griega, en el sentido de ser una historia en la que no todos podrían tener su final feliz. Los dioses son así de apáticos, rayando en crueles, y los mortales poco o nada valen para ellos en el curso de sus planes. Esa lección la dejaron los griegos desde que su mitología existe, y creo que Rojo y Oro supo captar eso, para bien y para mal.
Cuídense mucho y nos leemos a la próxima.
(Leído en 2020)

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