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sábado, 30 de marzo de 2024

Tinta a la Carta CXL: Cena en tres tiempos

~Entrada~

H de Homicidio

(Sue Grafton)

[…] La vida siguió su curso habitual. Donde antes estaba Parnell Perkins, ahora sólo había un espacio vacío y ninguno de nosotros sabía cómo afrontar y asimilar lo sucedido. Aunque al final sabría cómo unir todas las piezas para que formaran un dibujo coherente, por entonces ni siquiera sospechaba que se trataba de un rompecabezas. Al cabo de unas semanas, el homicidio pasó a un segundo plano debido a la inenarrable presencia de Gordon Titus —a quien no tardamos en llamar Pitus—, el vicepresidente de Palm Springs, cuyo traslado a la sede central de la empresa estaba prevista para el 15 de noviembre. Según se comprobó, incluso Titus jugó un papel involuntario en el curso de los acontecimientos.

 

~Plato Fuerte~

El guardián de los sueños

(Sherrilyn Kenyon)

—¿Cómo quieres que lo seduzca? Carezco de emociones.

—Eso es mentira y las dos lo sabemos muy bien —susurró Niké—. Tienes todo lo que necesitas. No eres una Óneiroi pura, posees un espíritu humano y tienes emociones en tu interior. Eso es lo que te guiará. —Le dio un ligero apretón en el hombro—. Así que vete y conquístalo.

«Conquístalo.» Como si fuera fácil. Sin embargo, mientras la observaba alejarse, Delfine solo veía un futuro muy negro.

Para ella y para todos los dioses que dependían de su éxito. Era imposible.

Fobos se acercó a ella.

—¿Estás bien? Tienes peor cara ahora que cuando Zeus te estaba gritando.

La verdad era que se sentía mucho peor. Más asustada.

—¿Cómo se seduce a un hombre?

Fobos rió al escuchar la pregunta.

—Creo que me ofende que me preguntes eso. ¿Es que crees que tengo experiencia en el tema o qué?

 

~Postre~

Wires and Nerve. Los rebeldes

(Marissa Meyer & Stephen Gilpin)

—¡Kinney! ¿Cuánto hace que estás allí? ¿Qué has escuchado?
—Yo… ¿Ese era Lihn Garan? ¿El hombre que diseñó el dispositivo de seguridad bioeléctrica?
—Sí. Y, claramente, el hombre que me diseñó a mí también. Ahí tienes. Cada una de mis emociones, mis pensamientos, todos esos rasgos que creí que eran humanos y de avanzada… no son más que respuestas programadas.
»No soy más que una computadora de última generación fingiendo ser humana. Resulta que tuviste razón sobre mí, sir Kinney. Debes estar feliz.
«No tanto como creí que lo estaría…»

Con mis agradecimientos para Nea Poulain, por la idea para el ciclo de entradas "Tinta a la Carta".

sábado, 23 de marzo de 2024

Tinta a la Carta CXXXIX: Merienda en cuatro tiempos

~Aperitivo~
La chica de los prodigios
(Jason Mott)
—En un giro de los acontecimientos, hasta ahora inexplicable —continuó la presentadora tras explicar cómo habían quedado atrapados bajo los escombros—, esta niña, Ava Campbell, curó de algún modo las heridas de su amigo. —En la pantalla había una foto de Wash mientras lo sacaban de entre las ruinas. Tenía la ropa hecha jirones y socorrían la parte de su estómago, donde hasta hacía un momento había habido una herida horrible—. El chico estaba absolutamente curado —repitió la periodista, pronunciando las palabras despacio y con una elocución impecable.
—¡Mira! —exclamó Wash entusiasmado, señalando la televisión. Volvió a mirar a Ava y de nuevo se subió la camisa, como si verificara que lo que ella veía en la pantalla y lo que veía en ese momento, en la vida real, era igual de cierto—. Lo hiciste de verdad. ¡Lo hiciste de verdad! —Sonreía otra vez de oreja a oreja, lleno de asombro, impresionado.
—No es verdad —replicó Ava, que cerró los ojos y sacudió la cabeza—. Es una broma, ¿no?
 
~Entrada~
Asedio y Tormenta
(Leigh Bardugo)
Sonó un grito:
—¡A las dos desde la proa, a estribor!
Como una, nuestras cabezas se giraron, y me quedé quieta. Algo se estaba moviendo en la niebla, una forma blanca resplandeciente y ondulante.
—Por todos los Santos —resopló Mal.
En ese momento, el lomo de la criatura rompió las olas y su cuerpo cortó el agua en un arco sinuoso, con todos los colores del arcoíris reflejados en sus escamas iridiscentes.
Rusalye.
 
~Plato Fuerte~
Clea
(Lawrence Durrell)
—[…]. Esta noche tengo que levantarme por un par de horas para practicar una corta caminata; es extraordinario lo débil que uno se siente por la simple falta de práctica. Después de un par de semanas en cama uno pierde el dominio de sus piernas. Y no debo caerme mañana, si no la gente va a pensar que estoy otra vez borracho y eso no debe ocurrir. En cuanto a usted, trate de encontrar a Clea.
—Iré al estudio a ver si está trabajando.
—Me alegro de que haya vuelto.
—Yo también, aunque de una manera extraña.
Era difícil, en el tráfago inconexo y deslumbrador de la calle, no sentirse como un antiguo habitante de la ciudad, que regresa del otro lado de la tumba para visitarla. ¿Dónde podría encontrar a Clea?
 
~Postre~
Everless. La Hechicera y el Alquimista
(Sara Holland)
Él no puede detenerme.
Después de que papá ahuyentara a Liam aquella noche en que yo tenía doce años, él decidió cambiar nuestro pasado. El hecho de que los aldeanos supieran que el desacreditado herrero de los Gerling había aterrizado en medio de ellos, despertaría asombro, preguntas: ¿Por qué había abandonado tan alta posición por una miserable vida en el pueblo? Peor: ¿qué pasaría si Liam nos encontraba otra vez y llevaba a cabo una mezquina venganza? Será más fácil, propuso papá, crear una historia típica y aburrida: un granjero y su hija abandonan el campo después de una plaga. Él me enseñó a mentir para que nadie nos observara muy detenidamente.
Lo que no sabe es que me enseñó muy bien.

Con mis agradecimientos para Nea Poulain, por la idea para el ciclo de entradas "Tinta a la Carta".

sábado, 16 de marzo de 2024

Tinta a la Carta CXXXVIII: Comida en cinco tiempos

~Aperitivo~
Wild Cards, Juego sucio
(Varios, edición de George R. R. Martin)
Una idea surgió en la mente de Brennan. Sólo los muertos, pensó, lo saben todo. Ellos habían terminado, y desde su punto de vista todo estaba finalizado. Sus vidas se habían completado. Sólo los muertos podían conocer del todo Jokertown, pues no tenían necesidad del conocimiento. Al igual que Brennan, cuando vivía en las montañas. Su vida era pacífica, invariable y serena. Y era una vida muerta. Pero había vuelto a vivir. El precio de volver a vivir era la sensación de incertidumbre y pérdida de control que lo invadía cada vez más. Un precio muy alto, pero se daba cuenta de que podía pagarlo por lo menos hasta ese momento del juego.
 
~Entrada~
El solitario Atlántico
(Jorge López Páez)
¿Dónde estaría Doña Blanca? El cielo azul, lejano el mar y sin embargo cercándome. Se me acabaron las lágrimas. Busqué un refugio, y no encontré uno solo. Ahí estaba yo en el muro, cerca de la indiferente piñanona. Me pareció estar a la orilla del mar: las olas mordían mis pies. Todo era un mar. Todo era un mar. Un mar infinito. Me figuré a los Aragones como implacables tiburones. Ahí estarían lanzándome en arponazos el “alcahuete”, el “alcahuete. Ahí estaba viéndome ante mi madre, como no me había visto antes. De repente, subí a mi barca. Miré a la popa: no había nadie. A pesar del cielo azul, todo el mar estaba encrespado y “ciegamente me lancé como destino en el solitario Atlántico”.
 
~Plato Fuerte~
Iskari
(Kristen Ciccarelli)
¿No tenía miedo?
Como no respondió, el joven hizo algo aún peor: levantó la vista hacia ella.
Un calor repentino la atravesó cuando sus miradas se encontraron. Los ojos del chico eran tan penetrantes como el acero recién afilado. Debería haber apartado la vista, pero esta se dirigió de sus ojos —negros, como los de su madre— a la cicatriz arrugada que le surcaba la cara y el cuello, y desaparecía bajo su camisa.
La gente siempre la miraba, así que ya estaba acostumbrada, y los niños hasta la señalaban con el dedo. Aunque la mayoría desviaba la vista en el acto en cuanto veía esa cicatriz. Aquel esclavo, en cambio, parecía recrearse en ella. Su mirada era curiosa y atenta, como si Asha fuera un tapiz y no quisiera perderse el menor detalle.

~Entremés~
Cazadores de Sombras. Renacimiento 3. La Reina del Aire y la Oscuridad
(Cassandra Clare)
Emma dejó que Cristina la levantase. Magnus y Alec iban hacia ellas. Este último tenía el rostro tenso y los ojos rojos. Emma, con su mano en la de Cristina, recorrió el salón con la mirada, y le pareció un lugar totalmente diferente de aquel al que habían llegado hacía unas horas. Quizá porque antes brillaba el sol, pensó Emma, mientras oía vagamente que Magnus y Alec hablaban con Cristina sobre llevarla a una casa que habían reservado para los Blackthorn. Tal vez fuera porque el salón se había oscurecido y las sombras en los rincones eran tan espesas como capas de pintura.
O podía ser porque todo había cambiado. Quizá porque nada volvería a ser como antes.
 
~Postre~
La magia de Recluce
(L. E. Modesitt Jr.)
—Bueno, ¿a dónde tengo que ir?
—¿Estás seguro? —preguntó tío Sardit con la boca llena.
—¿Es que me queda otra opción? O me meto en un barco y me voy al exilio o trato de aprender todo lo que pueda antes de hacer algo.
—Creo que has elegido correctamente —dijo tía Elisabet—. Pero no es tan sencillo.
Después de acabar el pan y el queso en el tenso ambiente de la estancia, volví a mis aposentos sobre la tienda y comencé a hacer el equipaje. Tío Sardit dijo que guardaría la silla y los otros muebles hasta que volviera.
No mencionó el hecho de que pocos Dangergelders regresaban. Yo tampoco lo mencioné.

Con mis agradecimientos para Nea Poulain, por la idea del ciclo de entradas "Tinta a la Carta".

sábado, 9 de marzo de 2024

Tinta a la Carta CXXXVII: Almuerzo en cuatro tiempos

~Aperitivo~

El príncipe y la modista

(Jen Wang)

—¿Podría saber…? ¿Por qué os ponéis ropa de chica?
—No lo sé. Hay días en que me miro al espejo y me digo «¡Ese soy yo, el príncipe Sebastian! Y me pongo ropa de chico y me parezco a mi padre». Pero hay otros días en que se me antoja antinatural. Esos días me siento más como si fuera… una princesa.
 

~Entrada~

Cuando me veas

(Laura Gallego García)

Tina se sentía extraña, como si estuviese contemplando la escena desde fuera, como una espectadora en un cine a la que de pronto hubiesen teletransportado al mundo existente más allá de la pantalla. Estaba allí, pero no estaba. Y, aunque atribuía el insólito comportamiento de su vecino a la tremenda borrachera que llevaba encima, no podía dejar de sentir que aquello no era del todo normal.

Asistió, como en un sueño, a la breve conversación entre el vecino y su mujer a través del interfono; cuando ella abrió por fin la puerta, Tina reaccionó, cogió su mochila y se coló en el portal tras el hombre borracho.

Fue entonces cuando se dio cuenta.

En el recibidor había un viejo espejo que, pese a que estaba rajado por la mitad, todavía aguantaba en su sitio. Tina echó un breve vistazo a su imagen reflejada… y no la vio.

 

~Plato Fuerte~

Moxie

(Jennifer Mathieu)

Puedo ver a las Riot Grrrls –mamá incluida– caminando de noche por la calle con sus borcergos, cortes de pelo desafiantes y labios pintados de negro, listas para defender sus creencias, lo que sabían que era correcto.
Enojadas. Intocables. Imparables. Y, si usamos las palabras que dijo la abuela sobre mamá en la cena de anoche, llenas de empuje.
O moxie en inglés. De pronto, ya lo tengo.
Con la lengua entre los dientes, la mente concentrada, la mano firme, trazo unas letras con cuidado, ya imaginando cómo se verá el producto final. Termino de trazar las letras del título y después, en el último minuto, agrego el lema perfecto. Cuando termino, hago sonar mi cuello, que quedó un poco dolorido por estar encorvada sobre mi creación, totalmente abstraída. Después admiro mi trabajo. Siento la adrenalina correr con fuerza dentro de mí. Sonrío.
Hace siglos que no estoy tan entusiasmada con algo.
 

~Postre~

El lenguaje de las flores

(Vanessa Diffenbaugh)

La mujer estaba cerrando la tienda cuando llegué. Todavía no era mediodía.
—Si buscas otros cinco dólares, llegas tarde —comentó, señalando la furgoneta con la cabeza. Estaba llena de pesados arreglos florales—. Me habría venido bien tu ayuda.
Le mostré mi ramo.
—¿Qué es esto? —preguntó.
—Mi experiencia —contesté, ofreciéndole las flores.
Olió los crisantemos y las rosas; luego metió un dedo entre la verbena y se examinó la yema. Limpia. Echó a andar hacia su furgoneta y me indicó que la siguiera.
De la parte trasera del vehículo cogió un ramillete de rosas blancas, rígidas, muy apretadas y atadas con una cinta de raso rosa. Puso los dos ramos uno al lado del otro. No había comparación. […]

Con mis agradecimientos para Nea Poulain, por la idea para el ciclo de entradas "Tinta a la Carta".

sábado, 2 de marzo de 2024

Tinta a la Carta CXXXVI: Desayuno en tres tiempos

~Entrada~
El quinto dragón
(Paulina Aguilar Gutiérrez)
Algo me obligó a abrir los ojos, y cuando lo hice un dragón blanco revoloteaba sobre mi cabeza. Me puse de pie y el dragón se me acercó. Era completamente blanco e irradiaba brillo desde su interior. En el campo de batalla había visto a cuatro gigantes dominando un cielo violento. Y ahora veía un ser hermoso y etéreo, que no tenía piel de reptil, sino un pelaje finísimo cuya textura parecía de plumas de pájaro. Fascinado, me acerqué; no parecía querer hacerme daño y yo deseaba tanto tocarlo. Cuando puse mi mano sobre su piel suave, el dragón abrió los ojos. Eran dorados, como el sol, como el fuego y como ella también. Al ver sus ojos y tocar su piel supe la verdad que nadie sospechaba y que yo tampoco había intuido. Solo hasta ese momento supe quién era ese dragón.

~Plato Fuerte~
Terror en la red 2. La mujer con el corazón lleno de tormentas
(Álvaro Colomer & Antonio Lozano)
En principio, Ojo de Tiburón no comprendió que una japonesa como aquella, es decir, que alguien que controlaba una de las organizaciones criminales más buscadas de todo el globo terráqueo, no fuera más discreta en sus apariciones en público, pero enseguida comprendió que, con aquel rostro y esa altura, Akiko Watanabe jamás pasaría desapercibida. En consecuencia, había optado por hacer lo contrario a lo que se esperaría de alguien sospechoso de cometer crímenes en todo el mundo: llamar todavía más la atención. A fin de cuentas, un equipo de más de doscientas personas, en su mayoría abogados e informáticos repartidos por todo el planeta, se encargaban de limpiar su imagen de cualquier posible sospecha, de borrar sus huellas, de blindarla, por lo que no importaba que la policía supiera que la Gran Dama había llegado a la ciudad. Nada podían hacer contra ella.
—Señora Watanabe, sea usted bienvenida —le dijo Ojo de Tiburón cuando la tuvo enfrente.
—Llévame al hotel —respondió ella con una voz metalizada que estremeció a su secuaz—. No hay un segundo que perder.
 
~Postre~
Una habitación propia
(Virginia Woolf)
[…] Cuanto podía ofrecerles era una opinión sobre un punto sin demasiada importancia: que una mujer debe tener dinero y una habitación propia para poder escribir novelas; y esto, como ven, deja sin resolver el gran problema de la verdadera naturaleza de la mujer y la verdadera naturaleza de la novela. He faltado a mi deber de llegar a una conclusión acerca de estas dos cuestiones; las mujeres y la novela siguen siendo, en lo que a mí respecta, problemas sin resolver. Mas para compensar un poco esta falta, voy a tratar de mostrarles cómo he llegado a esta opinión sobre la habitación y el dinero. Voy a exponer en su presencia, tan completa y libremente como pueda, la sucesión de pensamientos que me llevaron a esta idea. […]

Con mis agradecimientos para Nea Poulain, por la idea para el ciclo de entradas "Tinta a la Carta".

sábado, 30 de diciembre de 2023

Tinta a la Carta CXXXV: Cena en tres tiempos

~Entrada~
G de Guardaespaldas
(Sue Grafton)
—¿Un guardaespaldas? —dije.
—Bueno, alguien versado en técnicas de seguridad.
—Tendría que pensarlo —dije tras titubear un segundo—. No quisiera parecer roñica, pero me costará un ojo de la cara. ¿De veras crees que es necesario?
—Te lo diré de otro modo: yo, en tu caso, no me arriesgaría. Tiene antecedentes por seis delitos con violencia.
—¡Ah!
—Eso mismo, ¡ah! Y lo ofensivo del asunto es que ha ofrecido una miseria. Cinco de los grandes por los cuatro. ¡Menos de mil quinientos dólares por cabeza! —Se echó a reír de repente, pero no creo que porque le hiciera gracia.
—No puedo creerlo —dije, tratando todavía de hacerme a la idea. Cuando nos dan una mala noticia, se produce siempre un momento en que todo avanza más despacio, ya que el cerebro es incapaz de asimilar lo que sucede.
 
~Plato Fuerte~
El silencio de la noche
(Sherrilyn Kenyon)
—Luchemos. Si ganas, me matarás.
Céfira ladeó la cabeza y lo miró con expresión suspicaz.
—¿Y si pierdo?
—Me concederás dos semanas para intentar conquistarte de nuevo. Si al final de esas dos semanas sigues odiándome, dejaré que me ejecutes.
Céfira se quedó alucinada al escuchar su ofrecimiento. No terminaba de creérselo.
—¿Cómo sé que puedo confiar en ti?
—Soy un hombre de honor. Tú mejor que nadie sabes que mi honor lo significa todo para mí. Si no te he conquistado en dos semanas, no me merezco más que morir a tus manos.
—Sabes que no soy la tonta incapaz de manejar un cuchillo de cocina con la que te casaste. Te mataré.
—Lo sé.
—En ese caso, acepto tus condiciones. —Se apartó de él—. Prepárate para morir.
 
~Postre~
Asesinato en el Orient Express
(Agatha Christie)
Poirot se incorporó en el lecho y encendió la luz. Observó que el tren estaba parado… presumiblemente en alguna estación.
Aquel grito vibraba todavía en su cerebro. Recordó que era Ratchett quien ocupaba el compartimiento inmediato. Saltó de la cama y abrió la puerta en el preciso momento en que el encargado del coche cama avanzaba corriendo por el pasillo y llamaba a la puerta de Ratchett. Poirot mantuvo ligeramente abierta la puerta, observando. Sonó un timbre y se encendió la luz de una puerta más allá. El empleado miró en aquella dirección.
En el mismo momento salió una voz del compartimiento de míster Ratchett.
—No es nada. Me he equivocado.
—Bien, señor.
El encargado se dirigió a llamar a la puerta donde se había encendido la luz.
Poirot volvió a la cama, ya más tranquilo, y apagó la lámpara. Antes consultó su reloj. Era la una menos veintitrés minutos.

Con mis agradecimientos para Nea Poulain, por la idea para el ciclo de entradas "Tinta a la Carta".

sábado, 23 de diciembre de 2023

Tinta a la Carta CXXXIV: Merienda en cuatro tiempos

~Aperitivo~
Las novelas tontas de ciertas damas novelistas
(George Eliot)
[…] Al no haber restricciones educativas que impidan a las mujeres acceder a los instrumentos de la ficción, no existe ninguna clase de arte tan libre de requisitos que lo constriñan. Cual si de una masa cristalina se tratara, este arte puede adoptar cualquier forma y seguir siendo hermoso. Solo hay que llenarlo con los elementos adecuados: la observación genuina, el humor y la pasión. Esta ausencia de requisitos rígidos es, sin embargo, lo que constituye la fatídica atracción de la escritura para las mujeres incompetentes. […]. Todo arte que precise un absoluto dominio técnico queda, hasta cierto punto, protegido de las intrusiones de la torpe imbecilidad zurda. Pero al escribir una novela no hay barreras que pongan coto a la incapacidad, ni criterios externos que impidan a un autor confundir la maña tontorrona con la maestría. Y así nos topamos una y otra vez con aquella historia del asno de La Fontaine que, al acercar el hocico a una flauta y escuchar el sonido, exclama: «Yo también sé tocar la flauta». […]
 
~Entrada~
Sombra y hueso
(Leigh Bardugo)
—¡Iván! —gritó. Un Mortificador muy alto corrió hasta su lado desde la tarima—. Acompáñala a mi carruaje. La quiero rodeada por una guardia armada en todo momento. Llévala al Pequeño Palacio y no te detengas para nada. —Iván asintió—. Y que un Sanador se ocupe de sus heridas.
—¡Espera! —protesté, pero el Oscuro ya se estaba alejando. Le agarré el brazo, ignorando el jadeo que soltaron los Grisha que nos miraban—. Ha habido algún error. Yo no… No… —Mi voz se apagó mientras él se giraba lentamente hacia mí, y sus ojos de piedra se detuvieron en la mano que agarraba su manga. La solté, pero no me iba a rendir tan fácilmente—. No soy lo que tú crees —susurré, desesperada.
El Oscuro se acercó a mí.
—Creo que no tienes la menor idea de lo que eres —dijo con voz tan baja que solo yo pude oírla. […]
 
~Plato Fuerte~
Mountolive
(Lawrence Durrell)
Se dijeron adiós en el ferry y los cuatro se abrazaron largamente. Era una hermosa mañana vibrante, con nieblas bajas perturbando los perfiles del gran lago. Nessim había llamado un automóvil que estaba parado debajo de una distante palmera, como un punto negro tembloroso. Mountolive echó una violenta mirada a su alrededor al subir al barco, como si quisiera poblar su memoria para siempre con los detalles de esta tierra, de estas tres caras sonrientes que le deseaban buen viaje en el idioma de él y en el propio.
—Volveré —gritó. Pero en su tono ella percibía toda su ansiedad y dolor. Naruz levantó un brazo encogido y sonrió su encogida sonrisa; mientras Nessim pasaba el brazo por el hombro de Leila y saludaba con la otra mano, con plena conciencia de lo que sentía ella, aunque le habría sido imposible hallar palabras para sentimientos tan equívocos y tan verdaderos.
El barco desatracó. Aquello había terminado. Punto final.
 
~Postre~
El color púrpura
(Alice Walker)
Bueno, hablamos y hablamos de Dios, pero yo aún estoy hecha un lío. Intento sacarme de la cabeza al anciano blanco. Tan ocupada estaba pensando en Él que no me daba cuenta de las cosas que ha hecho. Ni de la espiga de trigo (¿cómo las hará?), ni del color púrpura (¿de dónde habrá salido?). Ni de las flores silvestres. Ni de nada.
Ahora que se han abierto los ojos me siento como una idiota. Al lado de la planta más insignificante del patio, la ruindad de Mr. –––– parece achicarse. Aunque no desaparece del todo. Pero es lo que dice Shug. Para poder ver algo con un poco de claridad tienes que quitar al hombre de tu campo visual.

Con mis agradecimientos para Nea Poulain, por la idea para el ciclo de entradas "Tinta a la Carta".

sábado, 16 de diciembre de 2023

Tinta a la Carta CXXXIII: Comida en cinco tiempos

~Aperitivo~
Wild Cards, El viaje de los ases
(varios, edición de George R. R. Martin)
Los jokers generan lástima y odio. Pero los ases aún conservan gran poder, y por primera vez en muchos años un importante segmento del público ha empezado a desconfiar de ellos y a temer dicho poder. No es de extrañar que demagogos como Leo Barnett hayan ganado tanta presencia en la opinión pública recientemente.
Así que estoy convencido de que nuestro viaje tiene una agenda oculta: lavar la sangre con algo de "buena tinta", como se dice, a fin de disipar el miedo de la gente, reconquistar su confianza y alejar los pensamientos del público de los sucesos del Día Wild Card.
Admito tener sentimientos encontrados con respecto a los ases, algunos de los cuales definitivamente abusan de su poder. Sin embargo, como joker, espero desesperadamente que tengamos éxito… y temo desesperadamente las consecuencias en caso de que no sea así.
 
~Entrada~
Matar un reino
(Alexandra Christo)
—Si eres la poderosa Perdición de los Príncipes, entonces podrás robar el corazón de este príncipe incluso sin tu voz. Sin tu canción.
Intento aferrarme a la conciencia, pero el océano me ahoga. La sal y la sangre raspan mi garganta hasta que solo puedo jadear y golpear. Pero aguanto. No sé qué pasará si cierro los ojos. No sé si alguna vez los abriré de nuevo.
—Si quieres regresar —gruñe la Reina del Mar—, tendrás que traerme su corazón antes del solsticio.
Intento concentrarme, pero las palabras de mi madre se convierten en ecos. Sonidos que no puedo entender. No logro entender ni orientarme. Me ha destrozado y no es suficiente para ella.
Mis ojos comienzan a cerrarse. El negro del mar se difumina en el fondo de ellos. El agua de mar se arremolina en mis oídos hasta que no queda más que entumecimiento. Con una última mirada a la sombra borrosa de mi reina, cierro los ojos y me rindo a la oscuridad.
 
~Plato Fuerte~
Fuego
(Joe Hill)
El Bombero levantó la mano izquierda, respiró hondo y sopló para librarse de los restos del humo. Tenía la palma bosquejada de escama de dragón. Las delicadas líneas negras estaban cubiertas de cenizas, la superficie blanca como la nieve, con unas cuantas chispas que despedían un leve brillo. El resto de la piel que le cubría la mano estaba… bien. Limpia, sana y rosada, y sin quemadura alguna, aunque pareciera imposible.
—Me encanta cuando hace eso, pero el mejor truco es cuando crea un fénix. Es mejor que los fuegos artificiales —dijo Allie.
—¡Cierto! —exclamó el inglés mientras giraba la cabeza para dedicarles una sonrisa descarada—. En comparación, el cinco de noviembre y el cuatro de julio son una patata. ¿Quién necesita bengalas cuando me tiene a mí?

~Entremés~
RoseBlood
(A. G. Howard)
Ahora soy la única que puede continuar con la canción, y lo hago… hasta el final, hasta que la última nota, aguda y completa, brota con desenfreno de mi garganta. El acorde resuena sobre el silencio como un lamento fantasmagórico, hermoso y trágico.
Percibo un tono rojo que se arremolina en los límites de mi campo de visión y me ceden las piernas. Un chico de la primera fila se levanta rápidamente de la silla para sujetarme. Cuando salgo del trance, la vergüenza me emponzoña la sangre como si fuera veneno.
Cierro los ojos de golpe y hago lo único que puedo hacer para conservar la dignidad: me desplomo sobre mi salvador y finjo que me desmayo.
 
~Postre~
Los viajes de Tuf
(George R. R. Martin)
Mucho tiempo después, cuando el Arca ya estaba limpia y tanto él como Caos y Desorden estaban cómodamente instalados en la suite del capitán, a la cual había trasladado todos sus efectos personales después de haber dispuesto de los cadáveres, hecho las reparaciones posibles e imaginando un medio de calmar a la increíblemente ruidosa criatura que vivía en la cubierta seis, Haviland Tuf empezó a registrar metódicamente la nave. Al segundo día logró encontrar ropas, pero tanto los hombres como las mujeres del CIE habían sido más bajos que él y considerablemente más delgados, por lo cual ninguno de los uniformes le iba bien.
Pese a todo, logró encontrar algo que sí fue de su agrado. Se trataba de una gorra verde que encajaba perfectamente en su calva y algo blanquecina cabeza. En la parte delantera de la gorra, en oro, se veía la letra theta que había sido la insignia del cuerpo.
—Haviland Tuf —le dijo a su imagen en el espejo—, ingeniero ecológico.
No sonaba mal del todo, pensó.

Con mis agradecimientos para Nea Poulain, por la idea para el ciclo de entradas "Tinta a la Carta".

sábado, 9 de diciembre de 2023

Tinta a la Carta CXXXII: Almuerzo en cuatro tiempos

~Aperitivo~
Escritoras. Retratos de mujeres
(Virginia Woolf)
[…] Pero, aunque tenemos la sensación de que Jane Austen ha hecho eso antes, y lo ha hecho mejor, la tenemos también de que está intentando algo que no ha intentado nunca hacer. Hay en Persuasión un elemento nuevo, la cualidad, tal vez, que hizo entusiasmarse al doctor Whewell e insistir en que era «la más bella de sus obras». Jane está empezando a descubrir que el mundo es más amplio, más misterioso y más romántico de lo que había supuesto.

 

~Entrada~

Antihéroes

(Iría G. Parente & Selene M. Pascual)

Después, Alejandra le indicó que debía irse a casa y que no podía decir ni una palabra de lo que aquí había visto o de lo que le habían contado. Podría venir a visitarme (una vez por semana, siempre que yo «colaborase»), pero nadie más debía saber dónde está el centro o cuál es su objetivo.

Y así mi padre se marchó, como si sus pasos no fueran suyos, y yo me quedé aquí.

Os dije que mi vida podría ser una mierda si no fuera por mis poderes.

Bienvenidos a mi nueva vida, en la que me han quitado mis poderes. Ahora es una mierda.

 

~Plato Fuerte~

Esquirlas de un solsticio

(Noelia Martín Luna)

—¿Cómo has dicho…?
Amund continuó con su discursito, ahora mucho más animado al ver que su novia estaba tan ilusionada como él. Edith no iba a tolerar ese despropósito ni un segundo más. Ni siquiera sabía por dónde empezar, pero estaba todo mal. […] No iba a casarse con nadie, muchísimo menos con ese engendro azucarado de tres al cuarto. […]. Podía sentir cómo perdía el control de sí misma, cómo su magia, el hielo que corría por sus venas, que nacía en su núcleo y más allá, vibraba con fuerza, suplicando la liberación, ¡reclamando la salida que le correspondía!, una que le hiciera triunfar sobre ese falso intento de príncipe azul.
[…]
—Mi hermana empieza en septiembre su segundo año —dijo despacio, saboreando cada palabra, la suavidad del hielo en su paladar, mientras su sangre hervía de ira—. No se casará contigo ahora y, si dependiera de mí, nunca. ¿Lo entiendes? ¿O necesitas que te lo deje más claro? —siseó.
[…]
Ahí fue cuando se condenó.
—Ed —suplicó Astrid, dando un paso en su dirección y abrazándose a sí misma un segundo más tarde. El aire estaba helado.
—Es mi última palabra —sentenció.
Amund no parecía afectado, no de la misma forma que Astrid.
—Necesitas controlar tu ira, ¿o qué harás cuando te pongan la zancadilla en una negociación? —cuestionó con sorna—. ¿Hacer cubitos de hielo?

 

~Postre~

Dumplin

(Julie Murphy)

—Presentarte a ese concurso es como si te colgaras un cartel que pusiera: «Patéame el trasero». No necesitas mi permiso, pero no quiero ser responsable de eso.
Los hombros de Millie se desploman.
Ellen raspa el suelo con la punta del zapato.
—Deberían hacerlo. Si Millie y Amanda quieren presentarse al concurso contigo, que lo hagan. «¡Viva la revolución!», y todo eso.
—No —insisto—. Deberían irse a casa.
Amanda se encoge de hombros y echa a caminar, pero Millie se queda allí plantada, implorándome en silencio.
Ellen me toma la mano y me la aprieta fuerte.
Yo suspiro.
—La inscripción para la revolución cuesta doscientos billetes.

Con mis agradecimientos para Nea Poulain, por la idea para el ciclo de entradas "Tinta a la Carta".

sábado, 2 de diciembre de 2023

Tinta a la Carta CXXXI: Desayuno en tres tiempos

~Entrada~
Las niñas van donde quieren
(Irene Cívico & Sergio Parra & Núria Aparicio)
[…] A ver, lo del estereotipo este del sexo débil no solo es nefasto sino que, además, es una de las mentiras más grandes de la historia. Mentira. Podrida.
Pero, claro, el daño ya estaba hecho. Porque, cuando te repiten algo sin parar, inevitablemente te lo acabas creyendo un poco. Y millones de chicas alrededor del mundo creyeron durante mucho tiempo que había cosas que no podían hacer. Porque les decían que no eran suficientemente listas, o fuertes o que esas cosas no eran «de chicas». Pero, como ustedes bien saben, eso no es cierto. Eso es otra mentira. Súper podrida.
Las chicas que encontrarán en este libro no se lo creyeron. Creyeron en sí mismas, fueron extra valientes y abrieron el camino a todas las demás. Quizá no estaban cien por ciento seguras de conseguirlo, pero sí quisieron intentarlo. Y llegaron donde ninguna otra chica había ido antes. Ya fuera a lo más alto de una montaña, a lo más profundo del océano a la otra pinta del mundo.
 
~Plato Fuerte~
Terror en la red 1. El chico que vivía encerrado en una habitación
(Álvaro Colomer & Antonio Lozano)
Derek dio un respingo al leer el mensaje. Hasta ese momento no había relacionado cierto incidente ocurrido unas noches atrás con La Sombra. Solo ahora, por las palabras de Nerea, caía en la cuenta de que esa situación extraña, aquel susto que se llevó poco después de apagar el ordenador, había ocurrido de forma consecutiva a que hubiese agregado a la persona oculta tras el oscuro seudónimo a su cuenta de Facebook. Confuso e inquieto, decidió que ya contestaría el mensaje más adelante. Así que se metió en la cama y, una vez más, soñó que esquiaba.
Sin embargo, sobre las 03:24 se despertó sobresaltado, víctima de una pesadilla en la que algo intentaba tragárselo mientras descendía por una pista absolutamente despejada. Salió del sueño justo cuando la pendiente se convertía en un precipicio al fondo del cual se extendía la oscuridad. Pero no una oscuridad cualquiera, sino la de una enorme sombra con la boca abierta.
 
~Postre~
El león, la bruja y el ropero
(C. S. Lewis)
«¡Madre mía! ¡Este armario es enorme!», pensó Lucy, avanzando más aún, a la vez que apartaba a un lado los suaves pliegues de los abrigos para poder pasar. Entonces notó que había algo que crujía bajo sus pies. «¿Serán más bolas de naftalina?», se preguntó, inclinándose para palparlo con la mano. Pero en lugar de tocar la dura y lisa madera del suelo del armario, tocó algo blando, arenoso y sumamente frío.
—Esto es muy raro —dijo, y dio un paso o dos al frente.
Al cabo de un instante se percató de que lo que le rozaba el rostro y las manos ya no era suave piel sino algo duro y áspero e incluso espinoso.
—¡Vaya, pero si son ramas de árboles! —exclamó.

Con mis agradecimientos para Nea Poulain, por la idea para el ciclo de entradas "Tinta a la Carta".

sábado, 30 de septiembre de 2023

Tinta a la Carta CXXX: Cena en tres tiempos

~Entrada~

F de Fugitivo

(Sue Grafton)

—Se han portado muy bien. Me han apoyado en todo momento. Mi jefe dijo que vendría para declarar…, para garantizar mi buena conducta y esas cosas, pero ¿qué importancia tiene ya? Me siento como un idiota. He respetado la ley durante un montón de años. El típico ciudadano ejemplar. Ni siquiera me han multado por aparcar en doble fila. Pagaba mis impuestos, iba a la iglesia.

—Pues todos esos detalles tienen mucha importancia porque hablarán en tu favor.

—Pero no cambiarán los hechos. Nadie se fuga de la cárcel para recibir a cambio un tirón de orejas.

—¿Por qué no dejas que sea Clemson quien se preocupe por esas cosas?

—Sí, creo que será lo mejor —dijo—. ¿Y tú? ¿Cuál es tu papel?

—Averiguar quién la mató para que tu expediente quede totalmente limpio.

 

~Plato Fuerte~

Aquerón

(Sherrilyn Kenyon)

—¿Por qué no le pides que sea tu esclava sexual? A cambio de eso, yo le enseñaría lo que quisiera.

Tory parecía horrorizada, como si fuera lo más asqueroso que pudiera ocurrírsele.

—¡Uf!

Esa exclamación lo pilló por sorpresa.

—¿Uf? —repitió Ash—. ¿Cómo que «¡Uf!»?

—¡Uf, sí! Apenas te conozco y ya están pensando en que me meta en la cama contigo. ¡No, gracias! ¡Dios, eres un cerdo asqueroso!

«¿Un cerdo asqueroso?», repitió él para sus adentros.

Tory se bajó de la escalera con cara de asco.

—Muy bien, ya me las apañaré sin ti. —Se estremeció—. Acostarme con él a cambio de una traducción… —rezongó mientras se alejaba.

Ash apoyó un brazo en la escalera mientras la observaba alejarse hacia el coche. Estaba alucinadísimo.

No quería acostarse con él.

 

~Postre~

La muerte de un instalador

(Álvaro Enrigue)

Brumell caminó junto al viejo hasta la puerta y ahí conversó un rato más con él. Antes de salir del comedor se había asomado a la cocina para decirle a Adela: Ya puedes recoger la mesa; pero antes, pídeme un taxi y lleva al señor Vaca a la biblioteca; muéstrale dónde están las botellas y las copas; él sabrá despacharse. Y dio un bostezo con el rictus invertido que hizo pensar al ama de llaves en las fauces de un tiburón.

Con mis agradecimientos para Nea Poulain, por la idea para el ciclo de entradas "Tinta a la Carta".