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sábado, 2 de marzo de 2024

Tinta a la Carta CXXXVI: Desayuno en tres tiempos

~Entrada~
El quinto dragón
(Paulina Aguilar Gutiérrez)
Algo me obligó a abrir los ojos, y cuando lo hice un dragón blanco revoloteaba sobre mi cabeza. Me puse de pie y el dragón se me acercó. Era completamente blanco e irradiaba brillo desde su interior. En el campo de batalla había visto a cuatro gigantes dominando un cielo violento. Y ahora veía un ser hermoso y etéreo, que no tenía piel de reptil, sino un pelaje finísimo cuya textura parecía de plumas de pájaro. Fascinado, me acerqué; no parecía querer hacerme daño y yo deseaba tanto tocarlo. Cuando puse mi mano sobre su piel suave, el dragón abrió los ojos. Eran dorados, como el sol, como el fuego y como ella también. Al ver sus ojos y tocar su piel supe la verdad que nadie sospechaba y que yo tampoco había intuido. Solo hasta ese momento supe quién era ese dragón.

~Plato Fuerte~
Terror en la red 2. La mujer con el corazón lleno de tormentas
(Álvaro Colomer & Antonio Lozano)
En principio, Ojo de Tiburón no comprendió que una japonesa como aquella, es decir, que alguien que controlaba una de las organizaciones criminales más buscadas de todo el globo terráqueo, no fuera más discreta en sus apariciones en público, pero enseguida comprendió que, con aquel rostro y esa altura, Akiko Watanabe jamás pasaría desapercibida. En consecuencia, había optado por hacer lo contrario a lo que se esperaría de alguien sospechoso de cometer crímenes en todo el mundo: llamar todavía más la atención. A fin de cuentas, un equipo de más de doscientas personas, en su mayoría abogados e informáticos repartidos por todo el planeta, se encargaban de limpiar su imagen de cualquier posible sospecha, de borrar sus huellas, de blindarla, por lo que no importaba que la policía supiera que la Gran Dama había llegado a la ciudad. Nada podían hacer contra ella.
—Señora Watanabe, sea usted bienvenida —le dijo Ojo de Tiburón cuando la tuvo enfrente.
—Llévame al hotel —respondió ella con una voz metalizada que estremeció a su secuaz—. No hay un segundo que perder.
 
~Postre~
Una habitación propia
(Virginia Woolf)
[…] Cuanto podía ofrecerles era una opinión sobre un punto sin demasiada importancia: que una mujer debe tener dinero y una habitación propia para poder escribir novelas; y esto, como ven, deja sin resolver el gran problema de la verdadera naturaleza de la mujer y la verdadera naturaleza de la novela. He faltado a mi deber de llegar a una conclusión acerca de estas dos cuestiones; las mujeres y la novela siguen siendo, en lo que a mí respecta, problemas sin resolver. Mas para compensar un poco esta falta, voy a tratar de mostrarles cómo he llegado a esta opinión sobre la habitación y el dinero. Voy a exponer en su presencia, tan completa y libremente como pueda, la sucesión de pensamientos que me llevaron a esta idea. […]

Con mis agradecimientos para Nea Poulain, por la idea para el ciclo de entradas "Tinta a la Carta".

sábado, 2 de diciembre de 2023

Tinta a la Carta CXXXI: Desayuno en tres tiempos

~Entrada~
Las niñas van donde quieren
(Irene Cívico & Sergio Parra & Núria Aparicio)
[…] A ver, lo del estereotipo este del sexo débil no solo es nefasto sino que, además, es una de las mentiras más grandes de la historia. Mentira. Podrida.
Pero, claro, el daño ya estaba hecho. Porque, cuando te repiten algo sin parar, inevitablemente te lo acabas creyendo un poco. Y millones de chicas alrededor del mundo creyeron durante mucho tiempo que había cosas que no podían hacer. Porque les decían que no eran suficientemente listas, o fuertes o que esas cosas no eran «de chicas». Pero, como ustedes bien saben, eso no es cierto. Eso es otra mentira. Súper podrida.
Las chicas que encontrarán en este libro no se lo creyeron. Creyeron en sí mismas, fueron extra valientes y abrieron el camino a todas las demás. Quizá no estaban cien por ciento seguras de conseguirlo, pero sí quisieron intentarlo. Y llegaron donde ninguna otra chica había ido antes. Ya fuera a lo más alto de una montaña, a lo más profundo del océano a la otra pinta del mundo.
 
~Plato Fuerte~
Terror en la red 1. El chico que vivía encerrado en una habitación
(Álvaro Colomer & Antonio Lozano)
Derek dio un respingo al leer el mensaje. Hasta ese momento no había relacionado cierto incidente ocurrido unas noches atrás con La Sombra. Solo ahora, por las palabras de Nerea, caía en la cuenta de que esa situación extraña, aquel susto que se llevó poco después de apagar el ordenador, había ocurrido de forma consecutiva a que hubiese agregado a la persona oculta tras el oscuro seudónimo a su cuenta de Facebook. Confuso e inquieto, decidió que ya contestaría el mensaje más adelante. Así que se metió en la cama y, una vez más, soñó que esquiaba.
Sin embargo, sobre las 03:24 se despertó sobresaltado, víctima de una pesadilla en la que algo intentaba tragárselo mientras descendía por una pista absolutamente despejada. Salió del sueño justo cuando la pendiente se convertía en un precipicio al fondo del cual se extendía la oscuridad. Pero no una oscuridad cualquiera, sino la de una enorme sombra con la boca abierta.
 
~Postre~
El león, la bruja y el ropero
(C. S. Lewis)
«¡Madre mía! ¡Este armario es enorme!», pensó Lucy, avanzando más aún, a la vez que apartaba a un lado los suaves pliegues de los abrigos para poder pasar. Entonces notó que había algo que crujía bajo sus pies. «¿Serán más bolas de naftalina?», se preguntó, inclinándose para palparlo con la mano. Pero en lugar de tocar la dura y lisa madera del suelo del armario, tocó algo blando, arenoso y sumamente frío.
—Esto es muy raro —dijo, y dio un paso o dos al frente.
Al cabo de un instante se percató de que lo que le rozaba el rostro y las manos ya no era suave piel sino algo duro y áspero e incluso espinoso.
—¡Vaya, pero si son ramas de árboles! —exclamó.

Con mis agradecimientos para Nea Poulain, por la idea para el ciclo de entradas "Tinta a la Carta".

sábado, 2 de septiembre de 2023

Tinta a la Carta CXXVI: Desayuno en tres tiempos

~Entrada~
Las niñas son de ciencias
(Irene Cívico & Sergio Parra & Núria Aparicio)
Hemos dicho hombres y mujeres, pero eso no es exactamente así, ya lo saben. Su curiosidad puede haber sido la misma, pero su acceso a la ciencia no ha sido igual de fácil. Y esto no es porque las mujeres sean menos listas ni porque los hombres hayan tenido mayor sed de conocimiento, está claro, sino porque durante muchos, muuuchos años a las mujeres no les daban las mismas oportunidades que a los hombres. Piensen que durante siglos (¡siglos!) a las niñas no se les permitía siquiera acceder a la educación. Empezando por ahí, imagínense lo imposible que era que pudieran dedicarse a temas científicos y mucho menos explicar sus descubrimientos al mundo. ¿Quién las iba a escuchar? A las chicas se les decía que su misión en la vida era cuidar de la casa y de la familia. Y si querían dedicarse a otra cosa, ¿qué? Pues nada, la mayoría se tenía que aguantar.
 
~Plato Fuerte~
El vicio de la lectura
(Edith Wharton)
Ningún vicio es más difícil de erradicar que el que se considera popularmente una virtud. Entre estos vicios destaca el vicio de la lectura. Se admite de modo general que leer basura es un vicio; pero la lectura per se —el hábito de leer—, nuevo como es, ya está a la altura de virtudes tan acreditadas como el ahorro, la sobriedad, el levantarse temprano y el ejercicio regular. Hay, en verdad, algo peculiarmente agresivo en la actitud virtuosa del lector que lee por sentido del deber. Los que se han mantenido en los humildes caminos de la preceptiva lo veneran como a alguien que sigue un consejo imposible de cumplir. “Ojalá hubiese leído tanto como usted”, declara el novicio iletrado a este adepto de lo supererogatorio; y el lector, acostumbrado al incienso del aplauso acrítico, considera de forma natural que su ocupación es una hazaña intelectual notable.
La lectura llevada a cabo deliberadamente —lo que podríamos llamar la lectura volitiva— no es lectura, al igual que la erudición no es la cultura. La lectura verdadera es una acción refleja; el lector nato lee de forma tan inconsciente como respira; y, llevando la analogía un poco más lejos, la lectura no es más una virtud que el hecho de respirar. Cuanto más meritoria se considera, más estéril se vuelve. […]
 
~Postre~
El legado de los Grimm
(Polly Shulman)
—¿Con qué
—Perdona, no importa. Pensarás que estoy loca. No quiero asustarte antes de que hayas empezado. Aunque creo que debería avisarte.
—¿Avisarme de qué? ¿Asustarme cómo?
Ese lugar tenía algo gótico, con esa colección misteriosa de la que ni Anjali ni Marc querían hablarme, y ahora los pajes que desaparecían. Estaba más intrigada que asustada.
Anjali hizo una pausa.
—Bueno, hay rumores insistentes sobre una… una criatura voladora que ha estado siguiendo a algunos usuarios y pajes. Dicen que incluso le quitó un objeto del Repositorio de las manos a un usuario.
—¿Una criatura voladora? ¿A qué te refieres?
Aquello sonaba a locura. ¿Anjali me estaba tomando el pelo? Parecía hablar en serio.

Con mis agradecimientos para Nea Poulain, por la idea para el ciclo de entradas "Tinta a la Carta".

sábado, 1 de julio de 2023

Tinta a la Carta CXXI: Desayuno en tres tiempos

~Entrada~
Las niñas son guerreras
(Irene Cívico & Sergio Parra & Núria Aparicio)
Las niñas guerreras están por todas partes, solo hay que fijarse un poco. Piénsalo un momentito… tu madre, tu abuela, tu hermana, aquella profe que tuviste, quizá aquella escritora que tanto te gusta… Las niñas guerreras son todas esas mujeres alucinantes que pueden no ser famosas, pero que se enfrentan a la vida como auténticas estrellas de rock. Y por eso mismo el mundo entero debería rendirse a sus pies. Right now.
 
~Plato Fuerte~
Nicky, la aprendiz de bruja
(Eiko Kadono)
—Hum, tal vez eso funcione. Ajá. Ahora que lo pienso, a mí también me sería de provecho. Cuando nazca el bebé, me costará salir de casa a encargarme de los asuntos cotidianos. Porte aéreo… ¡Qué interesante! Muy buena idea. —La mujer echó hacia adelante medio cuerpo, entusiasmada, y continuó—: Pero, si llevas cosas muy pequeñas, será difícil establecer las tarifas. ¿Qué piensas hacer al respecto?
—No hay problema, me basta con que compartan sobras conmigo.
—¡¿Cómo?! ¿Qué quieres decir? —tanteó Osono.
—Com–par–ti so–bras —repitió Nicky remarcando las sílabas—. Nosotras las brujas nos mantenemos así hoy en día. Somos útiles para los demás en lo que podamos y, a cambio, la gente comparte un poco de lo que le sobra con nosotras. Eso se llama hoy por ti, mañana por mí. —Inconscientemente, imitó el tono de su madre.
 
~Postre~
Historia de Dos Castillos
(Gail Carson Levine)
—[…] ¿Cuánto tiempo estarás de aprendiza?
Los maestros cobraban cinco monedas de plata por enseñar a un aprendiz durante cinco años, tres por siete. El aprendiz trabajaba a cambio de nada durante ese periodo y aprendía un oficio.
—Diez años, señora —diez años de aprendizaje no costaban nada. Nuestra familia era demasiado pobre para pagarme una plaza.
La coca descendió más que nunca. Chupé la menta con fuerza.
—Oh, querida —me tocó el brazo—. Lo siento.
—No tiene por qué sentirlo. Dominaré bien mi oficio cuando tenga veintidós… quiero decir, veinticuatro.
—No es eso. En junio, los gremios abolieron los aprendizajes de diez años. Ahora todos deben pagar para aprender un oficio.
Me volví hacia ella. Su expresión era seria. Decía la verdad.
El barco cabeceó, pero mi estómago se calmó mientras se me agarrotaba.

Con mis agradecimientos a Nea Poulain, por la idea para el ciclo de entradas "Tinta a la Carta".

sábado, 27 de mayo de 2023

Tinta a la Carta CXVI: Desayuno en tres tiempos

~Entrada~
Relatos de gatos
(Autores varios)
De vez en cuando viene a visitarnos, caminando por el tejado del vecino, la gata tricolor que se crio en el espacio debajo de mi casa. Es una gata bonita, aunque creo que tiene malas pulgas. Mike es muy miedosa y se mete en casa en cuanto ve a un gato callejero, pero Tama no se inmuta. Mi esposa lo vio jugando con los gatos de la calle, le dio un golpecito en la cabeza y le advirtió: «No vayas a convertirte en un pequeño gamberro», pero el gato seguramente no entendió el porqué de aquel golpe en la cabeza.
La historia de los gatos de mi casa acaba de comenzar. Me gustaría registrar su vida detalladamente.
 
~Plato Fuerte~
Una chica a la antigua
(Louisa May Alcott)
—Me asustaría si todas las chicas visten tan bien como tú y saben tanto —repuso Polly.
—No te fijes en esto, tontita. Yo me ocuparé de ti y te arreglaré para que no parezcas rara.
—¿Soy rara? —inquirió Polly.
—Lo eres, querida, y estás mucho más bonita que el año pasado, aunque te han educado de manera diferente a nosotros y por eso tus modales y costumbres no son como los nuestros.
—¿Diferentes en qué sentido? —preguntó Polly.
—Bueno, en primer lugar, te vistes como una niña.
—Es que soy una niña. ¿Por qué no habría de vestirme así?
Y Polly se miró su sencillo vestido de lana azul, las botas fuertes y el cabello corto con aire intrigado.
 
~Postre~
Ana la de Tejas Verdes
(Lucy Maud Montgomery)
—Somos ricas —dijo Ana firmemente—. Tenemos dieciséis años, somos felices como reinas y, más o menos, todas tenemos sueños. Mirad el mar, todo de plata y sombras y ensueños de cosas no vistas. No podríamos gozar más de su hermosura por el hecho de que tuviéramos millones de dólares y diamantes. Aunque pudieras, sé que no te cambiarías por ninguna de esas mujeres. ¿Te gustaría ser esa joven del vestido de encaje blanco y parecer siempre descontenta como si hubieras nacido de espaldas a las bellezas del mundo? ¿O la dama de seda rosa, amable y gentil como es, pero tan robusta y baja que no tiene figura? ¿O la señora Evans, con esa triste mirada en los ojos? Debe haber sido muy desgraciada alguna vez para tener esa mirada. ¡Sabes que no lo harías, Jane Andrews!
—Oh, no sé, exactamente —dijo Jane dudando—. Pienso que los diamantes serían un gran consuelo para cualquier persona.
—Bueno, yo por mi parte no quiero ser más que yo misma, aunque nunca tenga el consuelo de los diamantes —declaró Ana—. Me siento perfectamente feliz siendo Ana la de «Tejas Verdes» con mi collarcito de perlas. Sé que Matthew me lo regaló con más cariño del que nunca ha conocido la señora vestida de rosa.

Con mis agradecimientos para Nea Poulain, por la idea para el ciclo de entradas "Tinta a la Carta".

sábado, 1 de abril de 2023

Tinta a la Carta CXI: Desayuno en tres tiempos

~Entrada~
La caja de Navidad
(Richard Paul Evans)
Mis amigos románticos, aquellos en particular que creen en Santa Claus, especulan con el hecho de que la ornamentada caja marrón de Navidad fue decorada por el propio San Nicolás en persona a partir del tronco del verdadero primer árbol de Navidad, venido desde las frías nieves de diciembre hace tanto tiempo. Otros creen que fue hábilmente grabada y pulida con la dura y reseca madera en cuya áspera superficie el Señor de la Navidad demostró por última vez su amor a la humanidad. Mi mujer, Keri, sostiene que la magia de la caja no tiene nada que ver con ningún elemento físico, sino con el contenido que se halla escondido entre sus bisagras de latón en forma de hojas de acebo y sus hebillas de plata. Cualquiera que sea la verdad acerca del origen de la magia de la caja, es su vaciedad lo que yo atesoro primordialmente, así como el recuerdo de la Navidad en la que la caja llegó hasta mí.
 
~Plato Fuerte~
El cascanueces y el rey de los ratones
(E. T. A. Hoffmann)
—Hija mía: tú dominas más que ninguno de nosotros, tú has nacido princesa, como Pirlipat, y reinas en un lugar hermoso y brillante. Pero tienes que sufrir mucho si quieres proteger al pobre y desfigurado Cascanueces, pues el rey de los ratones lo ha de perseguir de todos modos y por todas partes. Y no soy yo quien puede ayudarle, sino tú; tú sola puedes salvarle; sé fuerte y fiel.
Ni Marie ni ninguno de los demás supo lo que quería decir Drosselmeier con aquellas palabras. Al consejero de Sanidad le molestaron tanto que, tomando el pulso al magistrado, le dijo:
—Querido amigo, usted padece de congestión cerebral; voy a recetarle algo.
La madre de Marie movió la cabeza, pensativa, y dijo:
—Yo me imagino lo que el magistrado quiere decir, pero no lo puedo expresar con palabras comunes.
 
~Postre~
Las brujas
(Roald Dahl)
—Nadie la vio moverse. Tanto si estaba fuera, dando de comer a los patos, como si estaba dentro, mirando por la ventana, siempre estaba inmóvil, era solo una figura pintada al óleo. Era todo muy raro —dijo mi abuela—. Rarísimo. Y lo más raro de todo era que, a medida que pasaban los años, ella se iba haciendo mayor en el cuadro. Al cabo de diez años, la niña se había convertido en una chica joven. Al cabo de treinta años, era una mujer madura. Luego, de repente, cincuenta y cuatro años después de lo sucedido, desapareció del cuadro para siempre.
—¿Quieres decir que se murió? —dije.
—¿Quién sabe? —dijo mi abuela—. En el mundo de las brujas pasan cosas muy misteriosas. 

Con mis agradecimientos a Nea Poulain, por la idea para el ciclo de entradas "Tinta a la Carta".

sábado, 2 de julio de 2022

Tinta a la Carta CVI: Desayuno en tres tiempos

~Entrada~
Un palacio de cristal
(Cornelia Funke)
    Las guías de viaje dicen que su arquitecto, Ricardo Velázquez Bosco, hizo construir un palacio de cristal porque en el año 1887 era la última moda. Pero, como tantas otras historias que suenan muy convincentes, no es cierta del todo…
    Ricardo Velázquez Bosco diseñó el Palacio de Cristal para una mujer, y lo construyó de ese material porque el cristal se la entregó y luego se la arrebató.

~Plato Fuerte~
Pájaro sin hogar
(Gloria Whelan)
    Por fin estaba lista y Baap entró a verme. Creí que quedaría complacido. Me giré a un lado y a otro para mostrar mi esplendor, pero él se echó a llorar y me sentí desilusionada.
    —Va vestida como una mujer y no es más que una niña —dijo.
    Al oírlo, también me eché a llorar y sólo callamos al oír las palabras de enfado de Maa. Cuando terminó de regañarme la miré con ojos asustados y vi que ella también tenía lágrimas en los suyos.
    En aquel momento llamaron a la puerta.
    —Estamos esperando —gritó la señora Mehta.
   Escuchamos el sonido de un sitar y un tabla. Miré a mis padres y sonreí. Algo debía valer, si los Mehta gastaban su dinero en música. No se me ocurrió que la música no era para mí, sino para impresionar a los amigos de los Mehta.

~Postre~
Sombras en el arcoíris
(M. B. Brozon)
    […] —. ¿Qué piensas?
    Yo no sé qué contestar. No me han dado ninguna noticia, pero es sangrón decirles “ya sabía”, como Anamari, una niña de la escuela que siempre responde así a todo lo que escucha decir a cualquiera. Pero es lo único que pienso, que ya sabía, y el que ellos lo sepan ahora no cambia en nada lo que yo siento por mi hermano. Lo que quiero saber es otra cosa.
    —¿Qué piensan ustedes?
    Se miran entre ellos y luego a mí. Ahora es mamá quien contesta.
    —Que lo queremos mucho, mucho y aquello que lo haga feliz está bien con nosotros.
    Ella siempre sabe decir las cosas mejor que yo. Y esta vez tengo la suerte de pensar exactamente lo mismo:
    —¡Yo también!

    Con mis agradecimientos para Nea Poulain, por la idea para el ciclo de entradas "Tinta a la Carta".

sábado, 2 de marzo de 2019

Tinta a la Carta CI: Desayuno en tres tiempos

~Entrada~ 
Fuera de mí 
(Sharon M. Draper)
[…] —: Mire. ¿Alguna vez se dijo a sí misma: “Si pasan una vez más ese estúpido comercial por televisión, creo que voy a gritar”? 
La maestra hizo un lento gesto afirmativo con la cabeza. 
—¿O: “Si tengo que permanecer cinco minutos más en medio de este embotellamiento, voy a explotar”? 
—Sí, supongo que sí —admitió. 
—Bueno, pienso que eso es lo que le sucedió a Melody. Se dijo a sí misma: “Si tengo que repasar una vez más esas letras, voy a gritar”. Y gritó. Yo no puedo culparla, ¿no cree? 
La Sra. Billups paseó la mirada de mi madre a mí. 
—Ahora que lo explica de esa manera, supongo que no —dijo finalmente la maestra, la voz tan calma como la de mi madre. 
—Melody sabe el alfabeto a la perfección y cientos de palabras. Puede sumar y restar dentro de su cabeza. Hablamos de todas estas cuestiones en la última reunión de padres, ¿verdad? —me di cuenta de que mi madre estaba haciendo un esfuerzo para controlar su enojo. 
—Pensé que estaba exagerando —dijo la maestra—. Los padres no siempre son realistas cuando se trata de estos chicos. 
—Si los llama “estos chicos” una vez más, yo voy a gritar —advirtió mi madre. 

~Plato Fuerte~ 
Mañana de gloria 
(LaVyrle Spencer) 
—¿Sabes, Elly? Es muy tonto que hagamos esto solo porque pusiste un anuncio y yo respondí a él. No es razón para atarse de por vida, ¿no es cierto? 
—¿No quieres casarte? 
La miró por encima del hombro para descubrir que ella lo observaba con el rostro encendido. 
—¿Y tú? 
“Estoy embarazada, soy tonta y nada bonita”, pensó ella. 
“Soy un ex convicto […]”, pensó él. 
Y ninguno de los dos habló acerca de lo que sentían realmente en el corazón. 
—Me parece que debería existir algún… algún sentimiento entre las personas —en esta ocasión fue él quien se ruborizó, pero logró ocultarlo. 
—Me agradas mucho, Will. ¿No te simpatizo? —parecía que estaban discutiendo sobre el nuevo rastrillo que iba a elegir. El tono de su voz no contenía ninguna emoción. 
—Claro. Me simpatizas mucho. 
—Bueno, entonces creo que deberíamos casarnos. 

~Postre~ 
Ever After High. El cuento de Madeleine Hatter 
(Shannon Hale) 
Maddie se asomó por la puerta de la cocina. 
Todas las mesas estaban llenas, ocupadas por grupos de adolescentes que hablaban y reían. Pero Clara estaba sola, sentada muy recta, con la mirada perdida. Maddie recordó su propia soledad antes de conocer a Raven y Cedar. Tan solo pensar en sus amigas le arrancaba una sonrisa. 
Y, de repente, entendió por qué Clara Lear tenía los labios fruncidos. Tiró el té normal y corriente a la basura y fue a buscar la tetera más brillante y alegre que pudo encontrar. 
—¡Por fin! —dijo Clara, cuando Maddie apoyó la tetera en su mesa. 
—No es exactamente lo que has pedido —dijo Maddie —pero creo que, en los días del revés, cuando tienes el estómago lleno de pensamientos y la cabeza llena de mariposas, no hay nada mejor para poner las cosas en su sitio que un té de flores de la fortuna —el líquido empezó a dar vueltas sin que nadie lo removiera, girando y ondulando, pasando de un color lavanda clarito a color melocotón, y luego, naranja —Escucha tu voz y adopta el sabor que necesitas. 
Clara parecía demasiado sorprendida como para hablar.

Con mis agradecimientos para Nea Poulain, por la idea para el ciclo de entradas "Tinta a la Carta".