miércoles, 15 de febrero de 2017

Describiendo a... (CXCVI)

Título: El coronel no tiene quien le escriba.

Autor: Gabriel García Márquez.

Sinopsis: [...] Tocada apenas por la fantasía, la historia del coronel veterano de una guerra concluida quince años atrás, quien espera la pensión que habrá de sacarlo de la miseria junto a su esposa enferma, es un profundo canto de esperanzas perdidas que nos sumerge en la la atmósfera de un tiempo ya ido [...]. (Extracto de la contraportada de mi ejemplar).

Editorial de mi ejemplar: Editorial Planeta Mexicana, S. A. de C. V., a través de Diana.

¿Qué les puedo decir? Poco después de que García Márquez falleciera, comenzaron a abundar las ediciones de sus obras a la venta. O quizá siempre habían estado allí, pero había dejado pasar todas, pues la única obra que había leído de él es la más famosa, Cien años de soledad. Así la cosa, como las ediciones de Diana son sencillas, de tamaño práctico y baratas, poco a poco armé mi colección de García Márquez de ellas. Ya he leído algunas y me llevé la novela que compete en mi último viaje de vacaciones, puesto que estaba por terminar Las luces de septiembre de Ruiz Zafón y ésta seguía de acuerdo al sorteo de La Lata. Y claro, por su tamaño, no me duró nada.

Un coronel y su mujer viven el día a día estirando los centavos, lo que tienen para vender, lo que tienen para comer... criando un gallo que pertenecía a su difunto hijo porque dentro de unos meses les dará buenas ganancias. Sin embargo, hay algo que el coronel en cuestión espera pacientemente desde hace años: la carta que le notifique que el gobierno del país le ha dado la pensión a la que tiene derecho. Sin embargo, dicha carta no parece llegar jamás, lo cual acentúa el malestar y la desesperación del hombre por la incertidumbre del futuro.

Cuando leo esta clase de historias, me parece estar viendo una realidad. Porque sí, es demasiado realista, demasiado crudo, como para pasarlo por alto. El coronel (sí, no tiene nombre, el pobre, culpen a García Márquez) actúa conforme lo que cree decente y correcto, pero claro, eso no siempre le sirve cuando la otra gente quiere voltearle la jugada. Su esposa es una buena mujer, que procura darle su consejo cuando ve que está por hacer algo mal y que lo apoya, aunque a veces ella misma necesite apoyo por sus dolencias. Lo que una sí acaba odiando es la negligencia (o falta de atención, como prefieran verlo) de algunos de aquellos que debieron intervenir para el bien del coronel antes de que éste se hallara en situación realmente precaria, casi contando las migajas que él y su mujer se llevaban a la boca, porque bien mirado, ¿cómo es posible que un coronel que tuvo cierta participación importante en presencia del coronel Aureliano Buendía (sí, el de Cien años de soledad), no tenga su pensión? Lo que les decía, suena muy de la vida real.

Dato aparte y tratando de no hacer spoiler alguno, tengo que poner aquí lo mismo que dije cuando acabé de leer la novela (en la Central Camionera del Norte, en la Ciudad de México): odio a ese gallo. Fin del comunicado.

Cuídense mucho y nos leemos a la próxima.

(Leído en 2016)

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